camaleon

Como mucho y con bastante esfuerzo, los humanos pasamos de paliduchos a morenos gracias a la melatonina. Otros, con ayuda de la cirugía o de la cosmética, son capaces de conseguir otro tipo de cambios en su anatomía, aunque a un mayor coste. Lo que no podremos, por ahora, es imitar a los camaleones y cambiar de color a voluntad —aunque ellos lo hagan como estrategia de defensa o ataque y no por darle rienda a las modas de turno—.

Todo tiene que ver con un tipo de células determinadas, llamadas cromatóforos. Se trata de unas células con pigmentos coloreados en su interior que reaccionan ante la luz. Pueden agruparse entre cianóforos —reflejan  tonos azulados—, eritróforos —rojos—, iridóforos  —iridisdincente—,  leucóforos —blanca—, melanóforos —tonos negros o marrones— y xantóforos —amarillos y anaranjados—.

Desgraciadamente para los amantes de los cambios de look, nosotros —en general, todos los mamíferos— solo poseemos un tipo de cromatóforos, los melanocitos, y de ahí que tan solo podamos pasar al moreno; en cambio, la calidad de cambiar queda en exclusiva para algunos anfibios, crustáceos, peces, cefalópodos y, claro está, para el camaleón.

Además de esta capacidad, los cromatóforos son los que les otorgan a estas especies el color de los ojos y la formación de la cresta neural en otras.

Situadas en la dermis, los hay de diferentes tipos en función del tipo de color que reflejen. Y el arte del camuflaje del camaleón reside en el control que ejecuta sobre las células de su piel, permitiendo que la luz atraviese la piel, alcanzando a unos u otros cromatóforos.

Este control se efectúa mediante procesos hormonales, neuronales o por los dos; y en ello juega un papel, como neurotransmisor, la noradrenalina.

Siendo importante conocer cómo son las especies que nos rodean, desentrañar este tipo de mecanismos —el funcionamiento de los cromatóforos— también ha sido útil para el desarrollo de otro tipo de investigaciones en otras disciplinas, sobre todo la médica.

De hecho, saber cómo funcionan los melanóforos abrió en su momento un interesante campo de estudios para estudiar enfermedades como el melanoma. También se utilizan como biomarcadores para detectar la ceguera en especies ectotermas: si estos animales no son capaces de cambiar de color de su piel, estamos ante un problema de visión. O como biosensores para la detección de enfermedades —determinadas bacterias bloquean su normal funcionamiento—.

Va a resultar, en el fondo, que eso de “cambiarse de chaqueta” no solo tiene connotaciones negativas.

 Enrique Leite

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