temptation

La vida del hombre moderno —y la del que no lo es tanto– se ha convertido en una larga carrera de obstáculos para vencer las tentaciones. Apenas nos levantamos, nos enfrentamos a una larga lista de prohibiciones: que si no hay que abusar de la cafeína matutina y eso que el segundo café se paladea mejor que el primero; por supuesto, nada de grasas saturadas en forma de deliciosos pastelillos; que lo del tabaco ni pensárselo… Y eso sin poner un pie en la calle y sin asomarnos más que de soslayo al espejo del baño.

Según avanza el día y aumenta el número de situaciones a las que hay que decir un NO con mayúsculas, uno no deja de preguntarse para qué tanta prevención, tantos malos ratos renegando de todo lo que nos gusta o nos apetece y tanto autocontrol. Bueno, pues allá va un argumento para esos momentos de flaqueza: apartarse de las tentaciones, a largo plazo, nos va proporcionar mayor felicidad que si nos dejamos vencer por ellas.

Todo tiene que ver con el control sobre uno mismo y el placer que se alcanza al comprobar que somos capaces de alcanzar los objetivos o metas que nos proponemos. Así se pone de manifiesto en un estudio publicado no hace mucho en la revista científica Journal of Personality.

Genéricamente, podemos definirlo como la capacidad de anular o modificar nuestros mecanismos de repuesta de tal modo que anulemos nuestros impulsos iniciales. De hecho, una baja capacidad de autocontrol se relaciona con una serie de problemas, sean psicológicos, como algunas adiciones incontrolables —por las compras, por ejemplo—, o físicos, como los problemas derivados para la salud que provoca una alimentación inadecuada o poco equilibrada.

En definitiva, parece que la felicidad es en el fondo una cuestión de evitar conflictos y los investigadores han comprobado que aquellos que ejercen mayores dosis de autocontrol son capaces de vadear mejor esos problemas —los gestionan mejor— y alcanzan con mayor facilidad ese equilibrio que nos reporta felicidad. Los científicos que realizaron la investigación aseguran, además, que ese autocontrol ayuda a que tengamos mejor humor para afrontar cualquier tipo de situación complicada.

Y puestas sobre el tapete las conclusiones del estudio, lo que faltaría ahora, para darle una perspectiva más completa, es complementarlo con otro para saber si esos hábitos de disciplina lo que provoca en  nuestro organismo es una mayor producción de la hormona del placer… Porque ya saben que,  a la postre, todo es una cuestión de química.

Camino García Balboa, química

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