elefante dibujo

Los elefantes no dejan de provocar nuestra admiración con cada una de las cualidades que se les descubren. Personalmente, siento debilidad por ellos desde que  se convirtieron en el animal más dibujado, cómo no, por la espalda, de mis infantes dedos.

La naturaleza, que les hizo tan imponentes, les confirió un  punto débil, el marfil, y un enemigo peligroso, el hombre. Esto lo saben bien los elefantes del Parque Nacional de Gorongosa, en Mozambique, que tras la guerra sangrienta que asoló sus reservas en busca de los codiciados colmillos aprendieron que marfil y muerte iban de la mano y lograron sustituirlos por pequeños muñones blancos, en una transformación genética que aun confunde a los investigadores.

Si la capacidad de adaptación es fundamental para la supervivencia, no es menos importante, para cualquier especie, reconocer al adversario. Y de nuevo nos fascinan con su inteligencia estos imponentes animales, cuya capacidad auditiva les permite reconocer etnia, edad y sexo de una voz, según  un estudio realizado en el Parque Nacional Amboseli de Kenia. Los formidables ejemplares son capaces de discernir las voces y hasta el lenguaje de sus fabulosos contrincantes, los masai, y diferenciarlos de lenguas de tribus menos peligrosas. ¡Será por orejas! 

De esta forma, no pierden un tiempo precioso que dedican a otros menesteres, como comer, en estresarse; es decir, en preocuparse innecesariamente por la cercanía de humanos no hostiles.

Para el estudio, se tomó registro de un número de voces de hombres y mujeres de la mítica tribu que decían: “Mira, mira por allá, un grupo de elefantes se acerca” en el leguaje masai y los compararon con las voces de adultos de otra tribu menos hostil para los elefantes, los kamba. Cuando la voz correspondía a un masai varón, los elefantes reaccionaron a la defensiva, formando grupos, y cuando escucharon las voces de niños, mujeres masai o varones kamba, seguían campando a sus anchas.

Y es que la ojeriza de estos paquidermos por los masai es ya  legendaria. Digamos que tienen conflictos de intereses, ya que confluyen en zonas de pastoreo. Y además esta el marfil, claro. Todo lo que les recuerda a esta tribu les disgusta. Ya con anterioridad otros  trabajos habían demostrado que consiguen distinguir al histórico pueblo por su olor o su vestimenta, por eso tienen tirria al color rojo tan del gusto de los guerreros.

Pero los científicos afinaron un poco más y sometieron a otra prueba la percepción auditiva de los elefantes, intentando engañarles quitándole tonos a una voz varonil para que pareciese femenina. A pesar del intento de la añagaza, a los paquidermos no se la dieron con queso y advirtieron perfectamente la simulación, reaccionando ante la falsa fémina como si de un hombre masai se tratase.

Me pregunto si, tan cucos ellos, reconocerán con la misma finura la presencia de los predadores occidentales que les visitan con la única pretensión de saciar sus ansias primitivas de cazadores.

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

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