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Nos pongamos como nos pongamos, somos animales de sangre caliente y, por mucho que existan comunidades que vivan en ecosistemas con climas fríos o muy fríos o nos guste practicar el alpinismo, no somos capaces de sobrevivir a determinadas temperaturas. Es decir, somos pasto de morir de frío o congelados.

Sobrevivir a temperaturas severas es algo reservado a algún tipo de animales o plantas. Esta característica es posible gracias a que estos organismos desarrollan un sistema anticongelante —fabrican moléculas de manera natural—. Existe un amplio catálogo de las proteínas que evitan este fenómeno. Aunque la ciencia no deja de sorprendernos.

Hasta ahora, se pensaba que se trataba de proteínas, pero una investigación realizada con un escarabajo que vive en condiciones extremas en Alaska ha desvelado que este insecto es capaz de sortear la congelación gracias a la producción de una sustancia resultante de una combinación de sacáridos y ácidos grasos. Es decir, que existen otros caminos para evitarla.

Ahora se preguntarán: ¿y eso qué más da? Pues en términos aplicados, parece que bastante. Porque sus aplicaciones pueden resultar mucho más fáciles para destinar esta sustancia a la conservación de tejidos humanos. Resulta que su composición química es fácil de sintetizar en un laboratorio, lo que se traduce en que se puede fabricar artificialmente de manera mucho más barata que los otros tipos de proteínas.

Piense que, creada en un laboratorio y administrada adecuadamente, puede reforzar la capacidad de supervivencia en general de todas las células o tejidos en unas condiciones extremas de frío y, por lo tanto, a corto plazo puede ofrecer una serie de ventajas para todos, incluidos los humanos.

Sobre todo, si tenemos en cuenta que el problema al que se enfrenta la criopreservación es que la mayoría de las sustancias utilizadas a menudo resultan tóxicas para las células o los tejidos porque han de administrarse a grandes dosis, mientras que en el insecto se produce a unos niveles muy bajos. Es decir, que su grado de tolerancia aumenta.

Camino García Balboa, química

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