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Aprender idiomas. Esta tarea se puede contemplar como parte del castigo bíblico a la Humanidad que ha convertido a nuestra especie en una interminable Torre de Babel, donde si no cuentas con los manuales resulta imposible la comunicación entre nosotros. Algo que, sin duda, no les pasa a un perro español y a uno británico, por ejemplo.

Pero no todos contamos con la misma habilidad para aprender las lenguas de los demás, o incluso para entender a personas que, teóricamente, hablan en tu propio idioma, algo bastante habitual, por otra parte. Según la comunidad científica, desentrañar este mecanismo es una cuestión para los neurólogos, ya que la responsabilidad del procesamiento del habla —del reconocimiento de los sonidos que llamamos idioma— recae en el cerebro, concretamente en la circunvolución temporal superior.

El último estudio publicado sobre el asunto asegura que existen determinados sonidos que pueden ser comunes en todos los idiomas y que suponen la raíz de los fonemas a través de los cuales construimos las palabras. Y son comunes porque provocan la misma respuesta neuronal. Así dicho puede parecer poco importante, pero el trabajo tiene su enjundia porque lo que hace es colocarnos en el punto de partida para conocer cuáles son los mecanismos de decodificación sin esfuerzo de los idiomas —el propio o los ajenos— que se produce en el cerebro.

Según uno de los autores del estudio, “una de las cosas que sucede en el habla y el lenguaje es la capacidad de poder transformar sonidos en algo que tenga sentido o significado (un conjunto de unidades que, en combinación, dan lugar a un fonema; la combinación de varios originan una palabra; y agrupadas crean un significado)”.

La identificación de los mecanismos neuronales que conforman la codificación fonética normal en el cerebro puede conducir a una mejor comprensión de los problemas que tiene la gente para reconocer un idioma y, sobre todo, puede servir de ayuda para aquellos que padecen una enfermedad, como puede ser la pérdida de audición, ya que podría ayudar al desarrollo de procesadores más precisos que ayuden a los sujetos a reconocer el significado de lo que les están diciendo.

Al final, ya ven, no todo es ponerse delante del libro y estudiar. Siempre hay algo más.

Enrique Leite

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