Olisqqueo que alguien viene (Kalúa)

Olisqueo que alguien viene (Kalúa)

Cuanto más tiempo paso con mi perro, mayores cualidades descubro de estos animales de compañía que me acercan a su universo y me separan del de otros mortales con los que convivo habitualmente. Ciertamente, al menos en mí, parece cumplirse la vieja máxima de que “cuanto más gente conozco, más valoro a mi perro”.

Y sin caer en la indolencia, me explico. Cuando Kalúa —mi mestiza— se reencuentra con sus humanos favoritos, tras una separación, es como si lo presintiera. Como que nos huele. Y no es que la Kalu sea más lista que el resto de sus congéneres; sencillamente, se trata de que los perros asocian imágenes a olores, sobre todo si son agradables, y como tienen mejor desarrollado el instinto del olfato que nosotros, pues simplemente anticipan sus reacciones.

Las últimas investigaciones apuntan, además, a que el área del cerebro canino asociada al placer o la recompensa reacciona de manera muy intensa cuando se trata de olores humanos que le son más familiares. O sea, que esa instintiva reacción de mover la colita o ladrar cuando nos acercamos —aunque no nos estén viendo— está potenciada porque nos han olido. Y eso ocurre porque son capaces de fabricar una representación cerebral nuestra tan solo aplicando el sentido olfativo. No solo son capaces de retener en su memoria nuestro rostro, sino también nuestra fragancia (todo un detalle por su parte).

Como siempre que ocurre cuando hablamos de Ciencia, estas afirmaciones son fruto de un proceso de observación en el laboratorio. En el experimento, sometieron a un nutrido grupo de perros de todo tipo de razas, edades y géneros a la exposición de olores  familiares o ajenos y midieron sus capacidades de reacción. Como era de esperar, los animalillos se pusieron muy, pero que muy contentos cuando relacionaron el olor con el aroma de un ser querido.

No crean que esta reacción es exclusivamente animal. Desde el nacimiento, los bebés viven inmersos en un universo de olores, e incluso al crecer, aunque no poseamos la capacidad de Grenouille para oler todo lo que el viento nos traiga, también nos ponemos contentos cuando en la lejanía percibimos el perfume de la persona que queremos y anticipamos que puede estar al caer. En definitiva, son reacciones emocionales cuando olfateamos algo o alguien a quien queremos.

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

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