dog brain

Aunque vivamos juntos —los hemos domesticado—, parece claro que por mucho que se parezcan a sus amos, perros y humanos procedemos de cadenas evolutivas diferentes. Según los expertos, más o menos hace unos 100 millones de años que el árbol genealógico de ambas especies se separó de manera definitiva. A partir de ahí, juntos pero no revueltos, cada uno siguió su propia senda.

Pero como han permanecido fieles a nosotros, algunos investigadores se han preguntado desde hace tiempo por la existencia de elementos en común. Y parece que sí, que en ese largo peregrinar, determinadas zonas de los cerebros de estas dos especies siguen compartiendo elementos comunes. En concreto, aquellas que tienen que ver con el reconocimiento auditivo de las emociones (les suena aquello de que “parece que …su perrit@ le está escuchando y sabe perfectamente cómo se siente).

De sobra es conocido que además de por su contenido —las palabras—, nuestras emociones se trasladan a través de los sonidos; es decir, que nuestro cerebro es capaz de interpretar nuestro estado de ánimo simplemente por la voz. Pues algo parecido ocurre también con los canes, que son capaces de leer nuestro estado de ánimo por el tono. Y lógicamente, en función de cómo se interpreten estas señales, se emite la respuesta (la traída y llevada empatía)

Así se pone de manifiesto en un estudio publicado en Current Biology, donde se analizaron, a través de resonancias magnéticas, las zonas de nuestro cerebro y del de los perros que mantienen actividad cuando se procesa la información auditiva.

La comparativa permitió constatar la existencia de dichas similitudes en las áreas cerebrales que se encargan de todo lo que tiene que ver con el oído. Es decir, que se ha probado la existencia de una misma vía cerebral a través de la cual perros y humanos decodificamos —leemos— las emociones de quien tengamos enfrente.

Hasta ahora, esos elementos comunes solo se habían constatado con los otros primates, pero nunca con otro tipo de animales. A tenor de los resultados, los investigadores no descartan que ese tronco común pueda extenderse a otro tipo de mamíferos.

Así que, a partir de ahora, cada vez que escuche loas de las habilidades de los perros, no crea que se trata solo de pasión de propietario. Al fin y al cabo, si retrocedemos en el tiempo, todos los seres vivos procedemos de un mismo organismo y, por lo tanto, no resulta extraño que compartamos algo con ellos.

Beatriz Baselga, veterinaria, y Lara de Miguel, limnóloga

Anuncios