ant

Que te traten como una a reina es algo más que una frase hecha y un sentimiento al que aspira más de una y uno (porque en esto no hay diferencia de género). Y para ello no hace falta mirarse en el espejo de los de nuestra especie. Quizá, ese rango de privilegio o de trato de favor lo encontramos de manera más evidente en la naturaleza.

Y para reinas, sin duda, las de las colmenas o las de los hormigueros. Son las encargadas de perpetuar la especie y eso las hace objeto de todo tipo de cuidados y mimos por parte del resto de sus súbditos.

Abejas y hormigas forman parte de esa clase de animales que viven en sociedad, en colonias, y que cuentan con una estructura tan organizada y rígida que provoca las envidias y admiración de cualquier dictador de medio pelo.

Cada individuo ocupa su lugar en su escalafón, no tiene ninguna intención de avanzar en la escala social y su desvelo —cada uno según su tarea— consiste en mantener viva a toda costa a su reina.

Llegan a realizar todo tipo de proezas, como construir una balsa con sus propios cuerpos, aun a riesgo de dejarse la vida, para protegerla de una inundación. Un reciente trabajo publicado en Plos One así lo documenta.

Cuando llega la ciclogénesis de turno, las hormigas no dudan en encadenarse unas con otras creando una plataforma a modo de balsa, en mitad de la cual colocan a salvo a la reina.

Lo curioso es que la posición en la nave depende de la estructura jerárquica de la colonia. En la base colocan las larvas —todavía no tienen definido su papel, así que teóricamente no tienen valor de cambio ni de uso—, luego las obreras y, finalmente, la reina.

Y así dejan que pase el cataclismo. Una vez las aguas vuelven a su cauce, la balsa se desmonta con la misma facilidad que se construyó; primero por la parte superior —la reina es de las primeras en abandonarla— y posteriormente por los laterales.

La proeza tiene su lado negativo: un 20% de los esforzados trabajadores dan literalmente la vida por su reina y no sobreviven a la catástrofe.

Para algunos, seguro que resultará un precio demasiado elevado por proteger a un solo individuo; para otros, teniendo en cuenta la capacidad de poner huevos que tiene la reina, puede ser un gesto insignificante por todo lo que aportan estas a la comunidad.

Sea como fuere, su tesón y su dedicación da sentido a la frase con la que titulamos este post.

Jesús Pintor, catedrático de Bioquímica y miembro de la RANF

Anuncios