precio del éxito-lago-microalgas

Los conservacionistas sabemos que acertar no está exento de riesgos. Acometer cualquier labor de recuperación de un espacio natural de manera exitosa puede, a medio plazo, llevar al desastre. La paradoja estriba en que si no se adoptan con cuidado determinadas precauciones, cualquier acción ejercida para la conservación de un espacio puede desembocar en graves desequilibrios, cuyo resultado sea una mortalidad masiva de las teóricas especies protegidas.

Y me explico. Cuando nos afanamos en proteger determinados ecosistemas para que, por ejemplo, sirvan de descanso para las aves migratorias, hay que tener en cuenta que ese incremento de la población de aves puede aumentar el número de desechos orgánicos, lo que a su vez provocan la eutrofización de las aguas. A mayor tráfico, mayor contenido de algunos nutrientes en forma de fosfatos, nitratos, etc, lo que a su vez hace que proliferen grandes poblaciones de microalgas que contaminan el agua.

Las proliferaciones de algunas de estas especies de microalgas que producen toxinas pueden tener un gran impacto en el funcionamiento de estos espacios, ya que provocan alteraciones en las relaciones tróficas entre los distintos organismos y en la biodiversidad.

Y la  presencia de cianotoxinas en los reservorios de agua posibilita la ingestión de agua tóxica tanto a poblaciones humanas como a la fauna doméstica y salvaje que dependan de estas masas de agua. Existen numerosos ejemplos de estos episodios de mortandad, como es el caso de la desaparición de los rinocerontes blancos en el Parque Natural de Kruger (Sudáfrica), una especie casi extinguida debido a la acción de estos organismos microscópicos.

Otro ejemplo significativo de estos fenómenos, en la Península Ibérica, es el Parque de Doñana, que, desde que fue declarado Parque Nacional, hace más de 40 años, ha sufrido 18 episodios de mortandad en masa de fauna salvaje, presumiblemente debidas a estas toxinas.

O sea, que estamos obligados a garantizar la calidad de esas aguas. Existen hasta 40 especies diferentes de cianobacterias productoras de toxinas. La más frecuente de ellas es un heptapéptido, la microcistina, que ha demostrado ser una potente hepatotoxina. Además, puede resultar ser un eficaz productor de tumores digestivos. Hoy en día, se conocen hasta 90 variedades de microcistina producidas por cianobacterias.

Una de las especies más importantes que producen esta toxina es la Microcystis aeruginosa. Sin duda, se trata de una de las especies más peligrosas y muy común en agua dulce. Las toxinas producidas por esta microalga son las responsables de más del 70% de los episodios de contaminación de aguas dulces que se han producido a lo largo de la historia.

Su capacidad de adaptación hace que sea un habitante frecuente en todo tipo de aguas dulces, con independencia de las condiciones de temperatura y sin importar el tipo de ecosistema acuático del que hablemos. Esta microalga se encuentra presente en lagunas, charcas, ríos o humedales. Su única peculiaridad es que no son capaces de proliferar en aguas marinas o salobres.

Estas son las consecuencias de un círculo vicioso que se construye en torno al éxito de la conservación de espacios naturales. Por un lado, son puntos de encuentro —refugio— para más población de la que se puede alojar, lo que les obliga a buscar alimentos en otras áreas; y, por otro, fruto de esa interacción, la tierra de acogida se contamina con elementos ajenos que favorecen el crecimiento de organismos que pueden provocar mortandades masivas de estas especies migratorias y del resto de la fauna y flora autóctona.

A. Luengo

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