flechazo

¡Qué bonito es el amor! Ese estado de enajenación mental transitoria virado al rosa donde todo se torna almibarado. El presente y el pasado, porque también nuestra memoria nos obsequia con pasajes bien melosos cuando rememoramos ese mágico instante en el que empezamos a sentir “golondrinillas en el estómago” cuando nos cruzábamos furtivas miradas con él/ella o se veía su silueta avanzando en lontananza.

¡Stop! Se acabaron los violines. De eso nada… Harán trampa sin saberlo, porque nuestra memoria modifica sus recuerdos cada vez que se asoma al pasado.

Lo lamento, pero eso del flechazo es una invención de nuestra mente que reescribe el pasado a su antojo mezclando ese tiempo pretérito con fragmentos extraídos del presente. Eso asegura un grupo de investigadores norteamericanos de la Feinberg School of Medicine de la Universidad de Northwestern de Chicago. 

Lo que vienen a decirnos es que, cuando nos dejamos llevar por las emociones actuales y nos ponemos a recordar, lo que realmente hacemos es mezclar esos sentimientos de hoy con la realidad del ayer. Es decir, que lo que hacemos es proyectarnos hacia el pasado y la imagen resultante no deja de ser un espejo manipulado, una interpretación que generará emociones que modificarán asimismo la evocación. De este modo, la memoria se va adaptando para destacar lo que nos interesa en cada momento y ayudarnos a tomar decisiones.

La prueba del algodón se obtuvo a través de un experimento en el que hombres y mujeres tenían que recolocar a través del ordenador una serie de objetos en la misma posición que tenían pero con otro trasfondo. Los sujetos fueron incapaces de hacerlo. Pero tampoco atinaron cuando se les propuso como solución optar por tres opciones: la correcta, la que habían seleccionado en el anterior proceso y una tercera nueva. Contumaces, de nuevo escogieron la opción seleccionada por cada uno en el experimento. Es decir, la  versión nueva cambio la ubicación que recordaban sobre el trasfondo de pantalla.

Toda esta traducción corre a cargo del hipocampo del cerebro, el  guionista de la película de nuestra vida que completa nuestro pasado con pedazos del presente a la medida de nuestras necesidades.

Pero volvamos al asunto del amor. De sus conclusiones no podemos inferir qué papel juega la memoria en el recuerdo de aquellas historias que no cuajaron. Lo que deja abierta la puerta a que nuestro cerebro incluya retazos provenientes de nuestro vigente desinterés para deslegitimar a posteriori a sus protagonistas. Quizá por ello el refranero —sabio él— afirme que el tiempo pone las cosas en su sitio.

Así que ya saben. Cuando aprieten la tecla de review en su historia de amor, tengan claro que por mucho que el recuerdo de esos momentos sea nítido, a nivel emocional lo que están haciendo es simplemente actualizar la información en base a nuestra emoción presente. ¡Y  que dure!

 

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

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