hello

Caer bien en el momento resulta imprescindible. Sobre todo si nos enfrentamos a una entrevista de trabajo, por ejemplo. La sociedad con la que nos hemos dotado los occidentales resulta una carrera contrarreloj en casi todo, por lo que nos vemos obligados a tomar decisiones rápidas, casi instantáneas, sobre las cuales reposará en buena parte nuestro futuro y nuestro destino (o el de los demás).

Tal es así que parece que hemos adoptado mecanismos de respuestas casi automáticos para decidir en fracciones de segundo si merece la pena seguir profundizando en lo que cuente nuestro interlocutor o, por el contrario, es mejor destinar nuestros esfuerzos hacia otros menesteres, ya que seguir hablando con él resultará una pérdida de tiempo y, para algunos, de dinero.

Una reciente investigación concluye que, más allá de la entrevista personal, basta con un simple “hola” para que obtengamos un primer retrato robot de la personalidad de alguien a quien acabamos de conocer y saquemos conclusiones. Ya saben, por sus voces les conoceréis en menos de un segundo. 

A priori, parece terriblemente injusto. Después de varios años de convivencia, somos incapaces de comprender y conocer a la persona que amamos y, en cambio, la primera impresión basta en la mayoría de los casos para determinar si fulanito es apto o no para un puesto de trabajo o para que le dejemos al cuidado de nuestros niños.

Ya que no nos hemos inventado las reglas de juego, al menos podremos descubrir los atajos. Así que, a tenor de los resultados de dicha investigación, es conveniente que sepa es que nuestro interlocutor —o nosotros mismos, si es el caso— va a valorar de manera más acusada dos notas del carácter: la honradez y la dominación. O si lo prefiere, la transmisión de confianza y firmeza.

De este modo, de manera genérica, según los investigadores parece conveniente, si es hombre, elevar el tono de su voz, y si es mujer, alternarlo. Quien le escuche le considerará digno de confianza. El otro elemento, la firmeza, se percibe por la reducción de tono, “pero más aun por los cambios de dispersión de formantes, que son los ajustes de la voz causados por la estructura de la garganta”.

Sin querer profundizar más, los expertos interpretan esta habilidad como parte del proceso evolutivo de los humanos. Una necesidad que tuvimos que desarrollar en aquellos tiempos en que había que tomar decisiones rápidas pero de otro calado, como seguir a un líder para evitar una catástrofe o decidir qué postura adoptar ante una vicisitud y donde un sencillo golpe de voz marcaba la senda a seguir.

Enrique Leite 

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