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Estas líneas van dedicadas para aquellos que no se jactan de tener los suelos tan limpios “que se podría comer en ellos”, y por qué no, para los obsesos de la limpieza también, que saber no está de más. Seguro que todos, con más o menos escrúpulos, cuando se nos cae algo de comida al suelo mostramos una tendencia, un impulso ,a tirarlo a la basura… ¿Todos?

Efectivamente, no todos. Parte de la población se limita a limpiarlo un poco y, sin mayor problema, lo enguye (algunas encuestas aseguran que la mayoría) . De hecho, justifican su acción acudiendo a la “regla de los cinco segundos”, que grosso modo viene a decir que si el resto orgánico permanece en el suelo menos de ese tiempo, no se contamina y, por lo tanto, se puede comer sin mayores problemas.

Aunque les parezca una tontería, el asunto ha traído de cabeza a la comunidad científica, porque en estos asuntos (lo tratante a lo que comemos) no hay que tomarse nada a broma. Un estudio recientemente publicado realizado en el Reino Unido ha investigado en profundidad qué ocurre con las bacterias, los tipos de suelo y el tiempo de reacción de unas sobre otros (lo que tardan en pasar del suelo al alimento).

Y curiosamente, parece que la velocidad de desplazamiento de las bacterias, realmente, depende del tipo de suelo y que sí podría existir un tiempo, un margen, donde recuperar nuestra comida caída sin temor a que esté contaminada. Un tiempo que coincide con la regla de los cinco segundos.

A ojos de profano, parecería que las alfombras resultan superficies más contaminantes que un parquet o un terrazo. Pues no. Los resultados del experimento arrojaron que las bacterias se mueven con mayor rapidez en los suelos laminados o de azulejos, siendo estos más propensos a traspasar microorganismos que las rugosas alfombras de lana.

También resulta como factor de riesgo el grado de humedad de los alimentos, ya que a mayor humedad, mayor es la atracción para las bacterias.

Y despejado que la regla de los cinco segundos tiene base científica y que no hay que anatemizar a las pobres alfombras o a los suelos de moqueta, nosotras, por si acaso, seguiremos siendo tiquismiquis y depositando en el recipiente de los residuos orgánicos cualquier pedacito de vianda que, por error u omisión, se nos caiga al suelo. Eso sí, sabiendo que no siempre tiene que existir riesgo para la salud.

Beatriz Baselga, veterinaria y Lara de Miguel Fernández, limnóloga

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