angelSe acerca la gran noche o la gran comida del día siguiente, o ambas. Así que se aproximan las grandes broncas familiares… ¡Ayyyyy! Qué felices navidades aguantando al cuñado pedante o al hermano pesado. El caso es que, como hay que pasar el momento de la mejor manera posible, les proponemos un juego que seguro tapa la boca a ese familiar coñazo o al menos lo tiene entretenido durante un rato.

Se le conoce popularmente como el Juego del Ángel, lo que viene al pelo para estas fechas. Fue propuesto por el matemático John Horton Conway en la década de los ochenta y es una propuesta más de las Teoría de Juegos. Juegan dos personas, uno como ángel y otro como demonio. Y se juega en un tablero de ajedrez, pero para hacerlo más interesante, que no tenga fin… Así que a cuadricular montañas de papel, en la teoría.

El rol del demonio, como no podía ser de otro modo, consiste en comerse casillas para impedir los movimientos del ángel. Es decir, que se trata de un juego de acoso. El angelito, como tampoco podría ser de otro modo, juega con una cierta ventaja y, al comienzo de juego, le damos un áurea, que puede ser 1, 2 o 3.

Pero vayamos por partes. El ángel se moverá igual que el rey en el ajedrez y nunca podrá posarse en una casilla que haya movido el diablo. Eso quiere decir que si le otorgamos un áurea de 1, este será su campo de movimiento.

Y tuviera un áurea de dos, podría posarse sin problemas en cualquiera de las casilla de amarillo.

Y como tiene alas, ventajas de ser ángel, podría sobrevolar las casillas comidas por el diablo. Es decir, en una situación como la del gráfico, podría con un batir de alitas sobreponerse a las marcadas en rojo y posarse en las que están en amarillo.

El juego termina cuando el diablo acorrala al angelito o cuando el diablo tira la toalla. Pero no hay tablas, o gana uno o el otro. Lo normal es comenzar otorgando al ángel un áurea de 1. Lo de las estrategias para ganar, que cada cual despliegue la que le venga en gana, aunque ya les apuntamos que, como en cualquier teoría de juegos, existen fórmulas que conducen al éxito (de uno o de otro).

Pero eso no se lo vamos a contar, es mucho mejor que prueben ustedes mismos. Aunque ya les hemos dado alguna pista con el nombre del inventor de la teoría y allá va la segunda: el nombre de su desarrollador es Kloster.

Por cierto… ¡¡¡¡¡Feliz Navidad!!!!

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