primavera y dieta

Llegó la primavera y con ella… a ponerse en forma para el verano. O sea, todos a dieta, que hay que eliminar esos cúmulos en forma de grasa que ocultaban las prendas de abrigo. Ahora bien, decidirse por una de las dietas en el mercado se antoja tarea de titanes, ya que a cual más contradictoria… Que si eliminar los carbohidratos, que si dejar a nuestro paladar sin grasas ni azúcares, que si la de la alcachofa, el melocotón, que emulemos a nuestros antepasados los trogloditas… y así hasta el infinito.

Con tanta duda que nos corroe el pensamiento, no nos quedó otra que rebuscar en la Red a ver qué respuesta nos puede ofrecer la ciencia y… ¡horror! Los investigadores se han puesto del lado de la industria y afilan sus garras para defender a capa y espada sus preferencias y afilar sus dardos contra las dietas de la competencia.

Afortunadamente, en este caos, la revista Annual Reviews se ha propuesto desenmarañar esta telaraña analizando las dietas más populares (las más utilizadas) y la conclusión es que “aunque la mona se vista de seda…”. Realmente, no están apoyadas en el tiempo con suficientes estudios que permitan afirmar que una de las dietas destaque sobre el resto.

Siendo así, el estudio alerta, por ejemplo, a los seguidores de la Dukan o la Atkins, que por mucho que adelgacen, tengan cuidado que no se conocen a ciencia cierta los efectos secundarios a largo plazo para el organismo provocados por dejar de comer carbohidratos. Del mismo modo, el investigador principal subraya que la dieta baja en grasas, siendo saludable en general, resulta beneficiosa no tanto por la reducción de grasas sino porque se eliminan de los menús los alimentos ricos en carbohidratos refinados y azúcares.

Tampoco pasa la raya la famosa dieta mediterránea, ya que se destaca que no existen suficientes investigaciones que avalen el papel del pescado y los cereales en este tipo de dieta. Y ojo con los puristas que se afanan por comer como comían nuestros antepasados allá por el Paleolítico, que esa dieta era buena para estos ancestros que precisamente no llevaban una vida tan sedentaria como la nuestra.

Y entonces… ¿qué hacer? Parece que la conclusión es optar por una dieta compuesta por alimentos poco procesados, naturales y donde predominen los vegetales, pero donde no se eliminen las carnes y, sobre todo, lo que decía uno de los grandes: que el único secreto para perder peso es comer menos de lo que gastemos.

O sea, que un año más nos quedamos como estábamos, sin saber qué hacer. Al final nos tememos que nos tocará inscribirnos en el gym y hacer lo que siempre nos proponemos pero nunca cumplimos: hacer más ejercicio y reducir el volumen de comida que llena el plato.

Lara de Miguel, limnóloga y Beatriz Baselga, veterinaria

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