trabajo y felicidad 

Cuando me planto ante la televisión —cada vez menos— y me toca la suerte de escuchar a los ministros de Economía de turno o líderes de las organizaciones empresariales hablando de la crisis económica, más temprano que tarde acaban diciendo aquello de que “hay que aumentar la productividad” para salir del bache. Y claro, me echo a temblar porque eso significa casi siempre cuadrar balances a costa de reducir salarios.

Ahora bien, nunca se habla de las otras variables que influyen en que los asalariados sean más productivos, es decir, contribuyan de manera más decidida a arrimar el hombro para superar la cuesta arriba. Y dentro de ellas, permítanme que me quede con una: la relación entre la felicidad del individuo y el rendimiento laboral. Y me quedo con esta porque además de por sentido común se ha demostrado científicamente: las personas más felices son un 12% más productivas que las que no lo son o acuden a su puesto de trabajo en medio de temores.

El experimento en cuestión se realizó en Gran Bretaña. Como no todo ha de ser trabajar, los sujetos objeto de la investigación fueron sometidos a determinados estímulos para que se sintieran felices y luego se les asignaron tareas para comprobar su productividad o arrojo a la hora de tomar decisiones.

Obvio, pensarán algunos. Pero no parece tan obvio cuando repasamos las estadísticas y comprobamos lo poco que hacen los gestores de las corporaciones para crear condiciones de trabajo estimulantes; tradúzcase, por ejemplo, en que no acudan con miedo a ser despedidos, a no ser reconocidos en su trabajo, a enfrentarse a continuos cambios que les produzcan incertidumbre —o sea temor— o, sencillamente, se consideren como un número o cifra prescindible en cualquier momento.

Ante tanta palabrería vana de estos empresarios y gestores públicos, sería bueno que, de cuando en cuando, se miraran en el espejo de JFK y se preguntarán “que hago yo por mi empresa y la felicidad de mis trabajadores” en lugar de estar continuamente inquiriendo en “qué hace el trabajador por mí”.

Porque otros mundos son posibles y están en este, es cuestión tan solo de colocar los acentos en las sílabas adecuadas en lugar de aplicar las mismas viejas recetas que lo único que hacen es que miremos a la empresa como un sitio hostil en lugar de un lugar donde vivimos la tercera parte de nuestra vida.

Enrique Leite

Anuncios