dieta y cancer

La salud es algo que ocupa y preocupa al hombre y a la mujer actual. Si usted no forma parte de esa población cuidadosa con sus hábitos —sean de alimentación o en general de vida— es que goza de una rara inmunidad ante la presión a la que se nos somete desde todos los puntos de vista. Pero cuidarse no es el problema. Estos suelen venir cuando nos situamos en los extremos y militamos de manera integrista en determinados bandos, utilizando argumentos que rayan en lo visceral y se alejan de lo científico.

Yo, como científico, me quedo siempre —o procuro hacerlo— en el lado de la razón o de los avales que otorgan determinados estudios a las afirmaciones categóricas que tanto daño hacen. Vaya por delante que me cuido, hago ejercicio regularmente e intento que mi dieta se aproxime lo más posible a lo que la norma dicta como alimentación equilibrada.

Del mismo modo, no me considero un detractor del progreso ni tampoco del uso que permite la tecnología en la producción de los productos base de mi alimentación. O sea, que no milito activamente a favor de los alimentos denominados orgánicos o biológicos ni tampoco en el bando de los que aseguran que la química —uso de pesticidas— es lo que nos permite que las cosechas sean más grandes y, por lo tanto, provechosas.

Y lo que está muy, pero que muy feo es que los primeros saquen a relucir una palabra maldita, cáncer, para argumentar sus afirmaciones y que los segundos amenacen con la hambruna perpetua para la humanidad para las suyas. Porque ni tanto, ni tan calvo.

Nos alimentamos con una ínfima parte de los productos que la Naturaleza ha puesto a nuestro alcance, ergo, incrementar su productividad sin más no resulta un argumento de peso. Bastaría con incorporar otros productos a nuestra dieta —como por ejemplo las algas— para cubrir nuestras necesidades.

A los puristas, también les diría que no existen pruebas de que consumir productos libres de pesticidas reduzca el riesgo de padecer cáncer en la mujer, por ejemplo. Son los resultados de un estudio publicado por el British Journal  of Cancer.

El estudio es de los que podemos calificar como serio, con una muestra de análisis, tanto en el tiempo como por su población, que supera los diez años de seguimiento y el medio millón de personas sometidas al control. Es decir, bastante fiable.

Y las conclusiones van en una línea más que interesante. Lo que reduce el riesgo de desarrollar esta enfermedad es la dieta y no la manera de producirla. Y viene a decirnos que lo importante es incorporar frutas y verduras de manera regular a nuestros hábitos.

Prefiero quedarme con esta postura, si nos ponemos a defender a capa y espada una bandera.

Enrique Leite

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