emociones rostro

Formalmente, hemos convenido en dividir nuestras emociones en seis categorías: felicidad, tristeza, sorpresa, miedo y asco o repulsión. Como la mayoría de las clasificaciones humanas, no deja de ser una simplificación, pero que nos sirve para, a partir de ella, seguir sumando. Porque seguro que a ustedes se le ocurren matices sobre esa división —digamos que clásica— que en su día formuló Charles Darwin y que resulta aplicable a la mayoría de los mamíferos. Sí, el mismísimo Darwin, que además de volver loco a alguno con su teoría de la evolución, se trata de un reputado científico que se dedicó a otros menesteres.

Pero volvamos a las emociones. Ya han tenido tiempo suficiente para añadir a la lista unas cuantas más que se expresan con la mezcla de una o de varias de las básicas. Continuemos con el acertijo. Si pretendemos focalizar las seis —o las que quieran— en una parte de nuestro cuerpo, ¿con qué parte se quedan?

Tiempo, que esa es fácil. Si ha pensado en el rostro, ha dado con la respuesta correcta. No en vano, la cara es el espejo del alma, ¿no? Y los que hayan dicho ojos, pues notable alto —se quedaron un poco cortos—, porque forman parte de la anatomía de la cara, aunque no todos tenemos la capacidad de expresarnos solo con los ojos o la mirada.

El conjunto de los músculos que forman nuestro rostro es capaz de ejercer una serie de combinaciones —mediante su tensión o relajación— que nos permite adivinar cuál es el estado de ánimo de la persona que tenemos enfrente. Movimientos como el arqueo de cejas, fruncir el ceño, mover la boca total o parcialmente —comisura de los labios—,ese rictus.. etc.

Pues un grupo de curiosos científicos ha desarrollado un algoritmo matemático, el Sistema de Codificación de Acción Facial (FACS, en sus siglas en inglés), que permite bucear un poco en las expresiones faciales y ha conseguido identificar 15 más una (entendiendo esa expresión número 16 como la neutra o carente de expresión). Expresiones, como decíamos antes, matizadas o compuestas, como pueden ser felizmente sorprendido o tristemente enfadado. Complementarias o contrapuestas.

El sistema no solo es capaz de reconocer con éxito las seis emociones básicas, sino que ha ofrecido esa gama de emociones, digamos medias, que tienen su aquel. Porque no piensen que ha guiado esta investigación el pretender revisar y poner a prueba a los mimos y su técnica de expresión, sino que tiene una utilidad práctica para el diagnóstico de trastornos de tipo mental, como puede ser la depresión, la ansiedad o el autismo. Y si me apuran, en un futuro podrá ser guía para el diseño de autómatas que nos resulten más empáticos porque reconozcamos su expresividad en el rostro.

Así que, ahora que tenemos una mayor amplitud de miras, todos frente al espejo, a ver si somos capaces de reconocer en nosotros mismos nuevas emociones. ¿Sorpresivamente sorprendente?

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

Anuncios