testorsterona y empatia

Una reciente campaña publicitaria se basa en que a las mamás no hay quien las engañe, que saben lo que hacemos incluso antes de que pensemos hacerlo. Con independencia del mensaje publicitario, lo cierto es que el spot llamó mi atención y, como padrazo, me asaltó una duda. Por mucho que me esfuerce con el peque, rara vez supero a su mamá.

De hecho, si hiciéramos una encuesta sobre una imagen que nos traslade protección, compresión y cuidados, seguro que la mayoría optaría por señalar la de una madre con su hijo en brazos.

Así que, retorcido que es uno, y pensando que el tópico siempre responde a una parte de verdad, me puse a rebuscar en mi biblioteca artículos sobre la empatía, que en definitiva resume esa capacidad de ponerse en lugar del otro, de anticiparse a sus sentimientos y, si me apuran, sentir un mayor grado de solidaridad.

Y como no puedo evitarlo —ya saben, deformación profesional— encontré una respuesta en las hormonas. En concreto en la testosterona. Parece que esta hormona, típicamente masculina pero también presente en las mujeres, tiene un papel fundamental en determinar no solo los niveles de empatía, sino también que su administración en la etapa fetal resulta fundamental para ello.

El experimento, realizado hace algunos años, probó que la administración oral de testosterona afecta negativamente —reduce— la capacidad de ponernos en la mente de los otros y que en estado embrionario es cuando esta hormona organiza las rutas de  nuestras neuronas respecto a esta cuestión. Es decir, que en gran medida seremos empáticos en función de la mayor o menor dosis de esta hormona recibida cuando estemos en el seno materno.

Los resultados fueron concluyentes: en lo tocante a la empatía existe una clara diferencia entre los sexos, encontrando una diferencia nítidamente a favor de las mujeres.

Más allá de la utilidad del artículo para encarar estas líneas, el estudio tiene una importancia vital para entender y combatir una patología tan grave como el autismo, caracterizado entre otros síntomas por la escasa capacidad de estas personas de sentir empatía por sus semejantes. Por cierto, una enfermedad que afecta de manera significativa a los niños más que a las niñas. Y todo lo que sea arrojar luz sobre cualquier patología, bienvenido sea, aunque como padre quede por debajo de las mamás.

Jesús Pintor, catedrático de Bioquímica y miembro de la RANF 

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