macaca

Nada resulta tan gratificante como una mano amiga en el hombro cuando estamos atribulados por problemas o, simplemente, cuando tenemos miedo o angustia. Conscientes de que el dolor es algo que se vive en primera persona y que difícilmente se puede mitigar en compañía, no es menos cierto que ese calor resulta más que reconfortante.

En el fondo y entre otros rasgos diferenciales frente a otras especies, a los humanos nos gusta marcar esa distancia con el resto por nuestra capacidad de sentir en tercera persona; es decir, por desarrollar sentimientos de empatía, que siempre se manifiestan en una doble dirección: las víctimas sienten alivio por esas muestras de afecto y, por otra parte, siempre parten de sujetos que sienten por la víctima cariño (amistad).

Bueno, pues hoy también toca de hablar de empatía y de nuevos comportamientos de otras especies… todo sea por hacernos sentir un poco menos especiales y, sobre todo, bajarnos del pedestal. De hecho, un grupo de investigadores ha descubierto que un tipo de mono, el Macaca tonkeana, utiliza técnicas tan humanas como las caricias, los abrazos y los besos para consolarse, sobre todo cuando un individuo ha sido tratado de manera agresiva por otro macaco.

Los investigadores realizaron su trabajo estudiando a dos especies de macacos en paralelo, una de naturaleza pacífica y colaborativa (la tonkeana) y otra de carácter más despótica (la fuscata). Y curiosamente, el carácter marcó la respuesta; un elemento que también nos puede ofrecer una evidencia de cómo se desarrolla la empatía. Es decir, que estudiando los patrones de comportamiento, se prueba que el grado de tolerancia es un factor determinante en la expresión de gestos de consuelo.

Los resultados del trabajo determinaron que los individuos de la especie tolerante manifestaban gestos de consuelo (caricias, besos, rascado de la espalda) hacia aquellos que mostraban claros síntomas de ansiedad o desconsuelo. Y que además, estos gestos se acentuaban cuando mayor era la expresión de dolor.

La principal conclusión, a juicio de los investigadores, no sólo radica en descubrir nuevos animales capaces de sentir esa afinidad por sus semejantes, sino precisamente en lo que reflejábamos anteriormente, que esta cualidad está determinada por el grado de tolerancia que tenga la comunidad. Es decir, que además de tratarse de un factor genético está determinado en gran medida por la transmisión de valores a los miembros de las mismas y del modelo de organización social —la educación—.

Así que, parafraseando el célebre refrán pero dándole la vuelta, además de mona, sí depende de la seda que se ponga en su vestido, para que la mona parezca más mona.

Lara de Miguel, limnóloga, y Beatriz Baselga, veterinaria

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