yoga

Para los occidentales, o sea los que digamos que no tienen en la nutrición su principal problema, el estrés y las enfermedades asociadas a este ocupan los ránkings de sus preocupaciones en lo tocante a la salud.

De hecho, desde este hemisferio se mira con cierta envidia a esos delgaduchos hindúes llamados yoguis que, aparentemente, se mantienen ajenos a todos los males gracias a la meditación, esa técnica ancestral de autocontrol absoluto de mente y cuerpo.

En Estados Unidos, la mayoría de las visitas —más de la mitad— que se hacen al médico tienen que ver con problemas relacionados con el estrés. Si a esta estadística le sumamos que le cuesta al erario público más de 300.000 millones de dólares al año, no resulta difícil colegir que las principales líneas de investigación y una fuente muy importante de los recursos económicos se encaminan en encontrar una solución a este tipo de males.

Uno de los más ambiciosos es un estudio financiado por las administraciones públicas norteamericanas que intenta probar si realmente existe un botón en nuestro cerebro que permita abrir y cerrar a voluntad los circuitos neuronales que activan los genes relacionados con el estrés y el sistema inmune. Básicamente, lo que parecen hacer los yoguis indios.

El trabajo de campo estará concluido en 2015 y ha consistido en el seguimiento a lo largo de cinco años de un grupo de sujetos que padecen estrés crónico. Divididos en tres grupos, cada uno de estos realiza un tipo de terapia diferente: yoga, meditación y libros de autoayuda. Asimismo, todos son sometidos a rigurosas pruebas analíticas —genómicas— y diagnósticos de neuroimagen.

La meditación es el mantra de moda en Norteamérica. Ya se ha probado su relación en la mejora de la expresión de los genes implicados en la secreción de insulina y en reducir el funcionamiento de los implicados en la inflamación. Incluso premios Nobel como E. Blackburn han dedicado parte de su tiempo a establecer conexiones entre el yoga y la producción de telomerasa, la enzima encargada del envejecimiento celular.

En principio, no nos encontramos entre los escépticos ni entre los detractores de la práctica de la meditación o el yoga. Lo que no acabamos de ver es cómo se casa el estilo de vida de los yoguis, alejados del dinero y de los bienes materiales, con el american way of life.

Eduardo Costas, catedrático de Genética

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