ataque de risa

Si a bote pronto pedimos ante un auditorio que con una sola palabra definan un gesto que indique un estado de ánimo de felicidad, la mayoría se decantará “la risa”. Esta acción que ejecutamos los humanos —y también algunos animales, como perros o chimpancés— resulta la máxima expresión de que se es feliz. Tanto es así que la expresión “morir de risa” es uno de tantos sinónimos de felicidad absoluta o de que lo estamos pasando realmente bien.

Ahora bien, no todo es de color de rosa. También se puede morir de risa o sufrir una grave percance para la salud cuando nos vemos presa de un ataque incontrolado de risa —y cuidado, que ya saben que resulta contagiosa incluso para nosotros mismos—. Tanto, que puede provocar un paro cardiaco, desgarros en la garganta o incontinencia.

El asunto no es baladí. O al menos eso pensó un grupo de investigadores británicos, que además de realizar un estudio sesudo sobre los beneficios de la risa, aprovecharon la oportunidad y también lo hicieron con las consecuencias de este tipo de ataques, que además de los perjuicios directos también pueden ocasionarlos colaterales, como un ataque de asma a resultas de haber inhalado cuerpos extraños al reír a mandíbula batiente.

En términos generales, a la risa la podemos definir como una respuesta  biológica (es decir, innata) a determinado tipo de estímulos. Al ser algo innato, podemos asegurar que es un acto involuntario. De hecho, desde los cuatro meses de vida nos reímos. Y lo hacemos de manera habitual: más de 300 veces al día cuando niño y  ya en la edad adulta, al menos lo hacemos diariamente unas 80 veces.

Técnicamente, su mecanismo reside en la respiración —y con ella todos los músculos en intervienen en el proceso de ventilación y fonación— y se  produce mediante interrupciones cuando exhalamos el aliento. Lógicamente, se procesa en el cerebro, en el sistema nervioso central. Concretamente, en el sistema límbico.

El caso es que, al reírnos, aumenta la frecuencia cardiaca fruto de la intervención de ese numeroso grupo de músculos y a la alteración en el normal proceso de ventilación, lo que en personas con problemas cardiovasculares puede derivar en un ataque al corazón. Pero no solo eso, sino que al expulsar aire de manera reiterada sin darle oportunidad a los pulmones de inhalar nuevas bocanadas, se puede provocar una situación de asfixia (no respiramos).

Desde luego no es lo habitual, pero ya ven que siempre existe una cara oculta detrás de cada historia. En cualquier caso, siempre es mejor que una buena sonrisa dibuje su rostro y no una lágrima… Pero, con moderación, que no resulta nada gracioso —y es doloroso— morirse de risa.

Jesús Pintor, catedrático de Bioquímica y miembro de la RANF

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