future

A los humanos nos gusta anticiparnos al futuro. Dejar volar nuestra imaginación —o no tanto— y dibujar cómo serán los días venideros que nos aguardan ha dado lugar a un subgénero literario de gran éxito, la ciencia ficción, y ha grangeado el éxito a personalidades tan dispares como Julio Verne o Isaac Asimov. También nos apasiona el mundo apocalíptico de las predicciones de los augures.

Fruto de una vida aburrida o por la curiosidad a la que nos lleva la revolución tecnológica, lo cierto, es que periódicamente los norteamericanos —los yankis— nos obsequian con encuestas más o menos científicas donde los preguntados se manifiestan acerca de ese mundo porvenir.

No hace falta subrayar que  cualquier parecido con la realidad puede resultar mera coincidencia en el caso de estos sondeos —no podemos decir lo mismo de todos los autores del género literario—, aunque tienen una cierta validez para comprobar el estado de ánimo —optimista o pesimista sobre los avances científicos— de la sociedad.

La última encuesta, elaborada por Pew Research Center, muestra una cierta confianza en que vivimos los albores de una nueva revolución. Tiempos movidos pero donde no nos esperan grandes dosis de felicidad. Seguro que vivir en momentos de crisis tendrá algo que ver.

Pero vamos con los resultados, que seguro es lo que a ustedes les interesa. La encuesta pone como fecha 2064, es decir, un futuro de apenas cincuenta años que muchas generaciones podrán contemplar.

Uno de los datos más significativos es la confianza en que para entonces contaremos con colonias en otros planetas, hecho que demuestra nuestra escasa confianza en que la Tierra será un territorio amable y que habrá que buscarse otras zonas donde sobrevivir;  y el deseo de dar con la tecla para viajar en el tiempo —un deseo, por otra parte, recurrente desde que se practica este tipo de estadísticas—. Y frente a esta seguridad, resalta la desconfianza en apostar claramente por un ingenio que nos haga la vida más fácil y llevadera.

En medicina, la genética sigue mandando y las expectativas de lograr avances en los laboratorios es grande y que se solucionarán la mayoría de los problemas de los trasplantes de órganos. Aunque para los encuestados, las consecuencias finales, lograr crear bebés de diseño o a la carta, es un panorama sobre el que se manifiestan abiertamente en contra.

Los mayores, por otra parte, sueñan que la robótica dé por fin con la solución de crear un androide que ayude de manera eficaz a solventar los quehaceres domésticos —prácticos que son ellos— y ansían con poder controlar los fenómenos meteorológicos extremos.

En definitiva, un juego más que demuestra que si algo nos importa a los humanos somos nosotros mismos.

Lara de Miguel, limnóloga, y Beatriz Baselga, veterinaria

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