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Ya hemos comentado en alguna ocasión que la diferenciación de géneros entre las especies ocurre por obra y gracia de la presencia del cromosoma Y. En su estructura alberga una cantidad de genes —pocos en comparación con el X— determinantes de la condición sexual de los individuos.

Y también hemos subrayado que, por este motivo, los varones estamos en condiciones de inferioridad frente a las hembras, ya que al producirse la unión de los cromosomas, las hembras, al portar dos XX, duplican sus posibilidades de reparar los errores genéticos; mientras que los varones, al tener XY, o nos viene todo perfecto de fábrica o estamos apañados y tenemos que cargar con el defecto sin más.

Del mismo modo, además de la mayor inteligencia que muestran los ejemplares del género femenino y sobre la cual no abundaremos desde estas páginas, es constable un hecho diferencial: viven más que nosotros. Su esperanza de vida es más alta, lo que les da una condición de más resistentes. Tan evidente parece este hecho que pocos o muy pocos estudios científicos se han ocupado de ello hasta ahora.

Uno de los últimos trabajos, que vuelve a situar en desventaja a los machos, es una relación entre la perdida de este cromosoma Y en las células de la sangre y el desarrollo de determinado tipo de cánceres por una parte y, por otra, con su menor esperanza de vida. Es decir, que parece que vale para algo más de lo que se creía.

El estudio determina que la pérdida de este cromosoma en los glóbulos blancos, algo por otra parte consustancial al propio proceso natural de envejecimiento, tiene unas importantes consecuencias y que la carga genética que contiene este cromosoma es más importante de lo que hasta ahora se pensaba y que va más allá de la mera determinación del sexo.

Los investigadores piensan que juega un papel importante en la supresión de tumores y que, precisamente por ello, los varones son más proclives a padecer cáncer que las mujeres. Es decir, que a corto o medio plazo puede constituirse como un marcador para predecir el riesgo de sufrir este tipo de enfermedad, ya que se ha constatado que hay hasta 20 procesos cancerosos donde una de sus consecuencias es la pérdida del cromosoma sexual masculino.

Sobre el otro asunto que nos ocupa, el de la menor supervivencia, los datos obtenidos resultan curiosos: la pérdida del cromosoma Y en la sangre afecta en torno al 8% de los hombres incluidos en el estudio y su esperanza de vida se reduce en una media de cinco años y medio.

Enrique Leite

 

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