fall in love

Ligar sigue siendo una de las preocupaciones más angustiosas de  hombres y mujeres modernos. Habrán pasado miles de años desde que salimos de las cavernas, pero parece que existen numerosos individuos —y en este caso hay que decir que ya no es una cuestión exclusivamente masculina— de nuestra especie que siguen cifrando el éxito en las muescas que van añadiendo a su revólver.

Y como más vale maña que fuerza, hay que poner las cosas en su sitio y afirmar sin temor que en este arte tan complicado y tan necesario, la historia nos demuestra que tener éxito es una cuestión de técnica. O sea, que no hace falta ser perfecta/o  para cobrarse una pieza.

En este sentido y para los profanos hay que subrayar que los metalenguajes son tan importantes como la propia labia de los interfectos y, dentro de ellos, los lenguajes corporales son muy importantes para vencer asperezas y lograr la atención de  potenciales conquistas.

Y no le estamos diciendo, caballero, que se ponga a realizar poses de culturista o ejecutar la danza nupcial del pavo. Nada más lejos. Algo tan sencillo como mantener una postura que traslade seguridad y positividad puede resultar más importante que la propia apariencia física para que nos fijemos en usted y en sus irresistibles encantos.

En este sentido, parece que mostrar  una posición erguida es la que les pone en posición de ventaja para destacar sobre los demás. Así que, ya saben, además de controlar los gestos —como poner morritos a lo chico de anuncio Martini—, resulta imprescindible realizar un esfuerzo por saber cómo se mueve el resto del cuerpo.

Eso si, ojo con los acercamientos, que hay que respetar nuestras aguas territoriales. Y si más lejos mostramos cierto desdén, demasiado cerca lo consideraremos una invasión. La distancia correcta, según los estudios al uso, es la que marca un brazo extendido.

Por cierto, si es de los que se juegan todo a la carta de su labia, tenga en cuenta que lo mejor es ser directo, que los circunloquios o divagaciones diluyen su atractivo personal. Ya saben, la sinceridad e ir directos al grano es un punto a su favor. Y si es de los sobicas, mucho ojito, que las manos en la cintura o los abrazos son nítidamente perjudiciales en las primeras tomas de contacto. Casi mejor decantarse por una sutil caricia en las manos.

En cualquier caso, resultando estos consejos útiles, los investigadores subrayan que nada puede competir con el poder de la mirada. No hay mejor muestra de atractivo mutuo entre una pareja que el prolongado intercambio de la mirada. Dos minutos son la mejor muestra de que la cafetera está en ebullición y de que la pasión entre ambos alcanza la temperatura adecuada.

En cualquier caso, la vieja táctica del ligón pasivo que deja a las damas acercarse puede ser la mas prudente para evitar patinazos. Al fin y al cabo, habrá que confiar en los mecanismos de selección natural.

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

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