duna

Creo que de sobra es conocido que “hombre blanco j… todo”. Aplicado a los ecosistemas, este aforismo tiene múltiples aplicaciones: de los estragos ambientales que está provocando la industrialización salvaje, cuyo mejor resumen lo tenemos en el cambio climático —que haberlos háylos, a pesar de los que lo niegan— o en la extinción de especies por actividades cinegéticas sin control.

Hoy nos detendremos en otro tipo de estragos: los provocados por la conquista. En concreto, la conquista de América. Un estudio revela que la conquista de Perú alteró los ecosistemas en la costa noroeste del país. Y lo curioso que este efecto se provocó sin querer. Estudiando el porqué de que la morfología de las dunas más recientes que se han constituido —unos 600 años— sea diferente a las antiguas, las que se formaron a lo largo de 5.000 años, el grupo de investigadores descubrió la mano del hombre.
Comparando fotografías y realizando los pertinentes análisis morfológicos, comprobaron que la presencia humana en el litoral ha sido la detonante para la constitución de estas dunas. Históricamente, los nativos vivían en esta zona y depositaban los restos de conchas y cáscaras de marisco que consumían en estas franjas.

Esta basura, al fin y al cabo es lo que era, depositada durante miles de años contribuyó de manera determinante a sujetar y estabilizar estas dunas, ya que las protegían de la erosión de los vientos costeros. Pero llegaron los conquistadores y expulsaron a la población —la que sobrevivió al proceso— al interior y se provocó un cambio: las nuevas dunas que se fueron formando —por un proceso geológico natural debido a la actividad de las placas tectónicas, el Niño y los propios de la sedimentación litoral— no contaban con esa amalgama y, como resultado, las nuevas dunas son menos consistentes, más pequeñas y, sobre todo, menos estables.

Eso no quiere decir que los conquistadores no generaran basura —que lo hicieron y en grandes cantidades— pero lo hicieron utilizando otros patrones de comportamiento. Es decir, depositándolas en otros lugares.

Ya ven, antes y después el hombre ha ido moldeando a voluntad y por casualidad la Tierra, pero si hacemos un pequeño examen, sin duda la actividad del hombre blanco ha sido bastante más perniciosa que la de los primitivos.

A. Luengo

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