Marilyn

Pocas imágenes dieron tanto que hablar en su momento como la escena cinematográfica de Marilyn Monroe luciendo anatomía tras situarse bajo una rejilla de ventilación del metro neoyorquino en una calurosa noche de estío. Seguro que más de una se ha visto sorprendida por esas súbitas corrientes de aire que emanan del subsuelo en las grandes ciudades y ha tenido que huir rápidamente de tan molestas sensaciones.

Pero más allá de la frivolidad o el erotismo que pueden provocar ese tipo de situaciones, las cortinas de aire tienen su punto de utilidad. A diferencia de las que hablábamos —que cumplen a la maravilla su función para ventilar las profundidades de los transportes suburbanos—, estas cortinas emiten su flujo de manera inversa, es decir de arriba hacia abajo. Básicamente, consisten en un ventilador que se coloca en la parte superior de una puerta y proyectan un chorro de aire hacia el suelo de manera que consiguen separar el ambiente interior del exterior de dos estancias.

Además de detener las corrientes de aire frío y caliente, las cortinas de aire mantienen el ambiente del interior de los locales limpio de insectos, polvo, partículas en suspensión, contaminación y olores… y suponen un ahorro de energía eléctrica de hasta un 30% —que se destinaba a la refrigeración de estos espacios—.

El chorro de aire crea una cámara lo suficientemente impermeable que actúa a modo de aislante térmico —lo que redunda como comentábamos anteriormente en la factura de la luz— pero también impide el traslado de todos esos elementos suspendidos en el aire —microbios o partículas contaminantes— que afectan a la salud de las personas. Personas que, por cierto, pueden atravesarlas sin mayores problemas que un leve despeinado, lo que supone por lo tanto una solución práctica y no excesivamente onerosa para centros comerciales de países o zonas húmedas y cálidas.

Ahora bien, si es dueño de un comercio, no se me lance a la carrera a instalar este tipo de convectores de aire sin más, que no todos surten efecto. Han de ser de un tipo específico para que la potencia y dirección de la turbina sea lo suficientemente potente para crear esa barrera invisible que actúe a modo de puerta imaginaria —o no lo tanto—.

El estudio ha sido realizado por investigadores de la Universidad Politécnica de Valencia y se ha publicado en la revista Energy and Buildings.

Enrique Leite

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