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Hoy toca hablar de sexo… otra vez. Bueno, para ser más preciso, de atracción. Ese nosequé que hace que perdamos el sentido por alguien. Aunque mi amigo y compañero de blog Eduardo Costas se ha decantado siempre por algo tan frío como la simetría a la hora de establecer esa guía invisible que nos dirige hacia el ser amado, yo personalmente me he decantado por la cuestión de las hormonas, ya saben por aquello de la química.

La discrepancia forma parte del quehacer científico, es lo natural,  pero hete aquí que vienen unos israelíes y pretenden ponerlo todos patas arriba: ni simetrías ni feromonas, la cosa —según ellos— tiene que ver con algo tan tontorrón como compartir una serie de genes en la pareja.

Los investigadores son especialistas en el hospital donde trabajan (en Israel) en realizar test de paternidad. Y, precisamente, la base de datos que obra en su poder por este trabajo les ha servido como base para realizar el estudio de referencia. Los datos obtenidos subrayan que existe una relación entre la atracción sexual y el compartir una serie de genes.

En concreto, una serie de marcadores comunes del HLA (Antígenos Leucocitarios Humanos, por sus siglas en inglés). Es el encargado de reconocer, por ejemplo, antígenos extraños tales como parásitos, virus o cáncer que atacan al organismo.

El estudio puede parecer algo alambicado, pero nunca se sabe cuál es el camino correcto o adecuado para llegar a la respuesta; es decir, cualquier hipótesis de partida vale. Los científicos parten del principio de que si una pareja tiene un niño se debe a que en algún momento han debido sentir una atracción física mutua. En ese caso, lo que hicieron fue un sencillo estudio genético de los test de paternidad positivos que obraban en su poder en búsqueda de esos marcadores comunes.

Y parece que lo han encontrado. Ahora bien, los propios israelíes, siendo conscientes de que el camino que ahora se abre puede resultar bastante controvertido —es la primera vez que se habla de factores genéticos en un asunto tan complejo como el de la atracción—, reconocen que puede resultar limitado, ya que su población diana se limita solamente a su país y, por lo tanto, podría tratarse de un fenómeno local y no universal.

Y no quiero decir con esto que los judíos sean unos raritos, ¿eh?

Jesús Pintor, catedrático de Bioquímica y miembro de la RANF

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