workholic

La verdad es que nos lo temíamos, pero es bueno que un estudio científico lo confirme: los adictos al trabajo no rinden más en su puesto de trabajo. Y es que sacralizar algo no es bueno, aunque algún empresario explotador hubiera pensado lo contrario, y las adicciones, todas, son perjudiciales.

Es algo tan sencillo como los juegos de recompensa, o lo que en funcionamiento cerebral podemos llamar activar los mecanismos que nos producen placer. La adicción convierte en necesidad, no en estímulo positivo, y dependencia, lo que a la larga se traduce en insatisfacción permanente. Alterar en una sola dirección los estímulos lo que nos provoca es un desequilibrio químico que acaba por descompensar todos nuestros mecanismos neuronales.

O si lo  prefieren en términos de psicología coloquial, los workaholics son personas eternamente insatisfechas que acaban provocando conflictos en sus otras relaciones sociales: familia, amigos, hábitos de vida… Es decir, generan nuevos problemas en su vida que se los llevan en la mochila al trabajo. Desarrollar sentimientos de culpa o ansiedad —o sea, estrés— no es un buen caldo de cultivo para rendir más en cualquier actividad y, por el contrario, es el ambiente adecuado para que aparezcan enfermedades.

La conclusión parece obvia, resultan más vulnerables, y al margen de que sean más proclives a desarrollar enfermedades a corto plazo y en términos laborales cometen más errores en sus puestos de trabajo. Ya sabemos que estrés y concentración no es un binomio compatible y, como buenos obsesos, se autocastigan todavía más por sus fallos.

Un circulo vicioso realmente perverso que solo genera insatisfacciones en todos los aspectos de tu vida, ¿no?

Curiosamente, la receta prescrita para eliminar las dependencias obsesivas pasa por convertir las emociones negativas en sentimientos positivos y, en lo tocante al empleo, eso es encontrar en tu entorno laboral un clima agradable, donde se elimine la competencia y donde se supriman los miedos a ser sancionados por los errores (que no es lo mismo tener pasión que obsesión por tu profesión). Una panorámica descriptiva que poco se parece a la mayoría de los centros de trabajo en el mundo.

En el fondo, resultamos primarios, y todo pasa por sentirnos felices, aunque sea en nuestro banco de trabajo. No estaría mal que los directivos de Recursos Humanos de las grandes empresas tuvieran en cuenta estos estudios de referencia y dedicaran más tiempo a buscar soluciones para mejorar las condiciones económicas y físicas de sus empleados en lugar de estar con el lápiz rojo señalando errores y firmando despidos.

Está claro que, en términos de capitalismo clásico, obtener mayores beneficios no pasa por reducir las partidas de personal ni de sus condiciones de trabajo, pero tampoco por contratar adictos al trabajo.

Camino García Balboa, doctora en Química

 

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