dinopica

Pocas cosas contribuyen tanto a la divulgación científica como la televisión y, en concreto, determinadas series de dibujos animados que alcanzan rápidamente el éxito entre los más pequeños. A mí particularmente, me marcó una: los Picapiedra.

Con ella no fuimos pocos los enanos que aprendimos que la Tierra no siempre fue como la conocimos nosotros y que hubo un tiempo donde los humanos cohabitaban con otros animales en el planeta. Gracias a las aventuras y desventuras de Pedro, Wilma, Pebbels, Dino y sus vecinos los Mármol, pisé por primera vez el Museo de Ciencias Naturales de mi ciudad y descubrí el mundo de los dinosaurios.

Por desgracia —o por fortuna, según se mire— luego derivé mis instintos hacia otros lugares y acabé siendo periodista. Pero, sin duda, guardo una cierta gratitud a la familia Picapiedra y a sus guionistas, ya que con ellos activé mi curiosidad por lo que me rodea e incentivaron las ganas de hacerme preguntas por todo lo que me circunda.

Después, con el tiempo y con otras lecturas, aprendí que los dinosaurios vivieron en todo el mundo —no solo en el cartoon—. La última prueba de ello la ha aportado un grupo de paleontólogos argentinos, quienes han descubierto restos de un dinosaurio diplodócido de cuello y cola largos en Sudamérica. Exactamente, ese del que se bajaba raudo el bueno de Pedro cuando sonaba la sirena que marcaba el fin de la jornada laboral en la cantera.

Estos animales eran grandes y corpulentos y hasta ahora se pensaba que este dinosaurio únicamente había vivido en Norteamérica, Europa y África, pero los restos de ocho vértebras encontrados desmienten esta teoría. Pero, y por eso nos detenemos en esta historia, hay algo más.

Los restos hallados nos ponen en la pista de que no es exactamente la misma especie. Las diferencias con sus primos norteamericanos, europeos o africanos, nos indican que se trata o bien de una nueva especie de dinosaurios autóctona o bien de una evolución de los clásicos que, por lo que fuera, recaló en Sudamérica.

La datación de los fósiles también abre otro capítulo interesante que seguro que la Paleontología acaba por desvelar: estos animales sudamericanos vivieron avanzado el periodo Cretácico; lo que viene a decir que la extinción de los dinosaurios no fue uniforme y no se produjo al final del Jurásico o principios del Cretácico.

Eso, o bien que esta nueva especie bautizada como Leinkupal laticauda supone un salto evolutivo que fue capaz de sobrevivir algo más de tiempo que el resto.

Enrique Leite

Anuncios