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Si pretendemos asociar una imagen mitológica con la labor de los científicos, desde este blog nos quedamos sin duda con la del pobre Sísifo y su maldición: arrastrar una gran roca colina arriba para, una vez alcanzada la cúspide, comprobar que estamos de nuevo en el valle con la pendiente para conquistarla de nuevo.

Y no nos estamos refiriendo tan solo a los innumerables obstáculos de corte burocrático/político que debemos de sortear para obtener unos pocos euros o dólares para financiar nuestras investigaciones. Más bien queremos resaltar que es una actividad donde no hay que pararse en los laureles del éxito, ya que se trata de una especie de cinta sin fin donde un teórico éxito nos debe conducir a nuevos trabajos y, sobre todo, abordar nuestro labor desde la perspectiva de que la verdad oficial del presente puede ser la gran falacia del futuro.

Además, los científicos —aunque parezca lo contrario— no somos especies aisladas, vivimos en comunidad y formalmente debemos dar solución a los problemas emergentes, la mayoría fruto de la contaminación antropogénica; es decir, con la huella inequívoca de la mano del hombre. Quizás por ello merece destacar que más de un centenar de reputados científicos han ordenado por su prioridad los grandes retos a los que debe enfrentarse la Humanidad a corto plazo.

Agrupados en torno al premio Longitude Prize, dotado con 10 millones de libras por el Gobierno británico, la solución ha de aportarse en el plazo de cinco años. De acuerdo con la mentalidad práctica anglosajona, se abordan problemas concretos. Nada de objetivos abstractos: nada mejor para acabar con el cambio climático que construir un avión que no emita carbono a la atmósfera, o una tecnología barata y accesible para desalinizar el agua, o un test antibacteriano que permita reducir la prescipción de antibióticos y evitar de este modo que las bacterias desarrollen resistencia a ellos.

Las otras peguntas a las que pretender dar solución rápida son: ¿cómo podemos asegurar que todos tengan alimentos nutritivos sostenibles? ¿Cómo podemos recuperar el movimiento de las personas con parálisis? Y’¿cómo podemos ayudar a las personas con demencia para que vivan de forma independiente por más tiempo?

La iniciativa que ahora se recupera se inició hace 300 años. Entonces, un relojero consiguió diseñar un aparato capaz de mantener la hora exacta del Sol y, por lo tanto, preparado para determinar la posición de un barco en el mar. El aparato aun se utiliza.

Y dicho lo dicho, ahí queda el reto para quienes crean poder estar en posesión del conocimiento necesario para, en el plazo de cinco años de trabajo, dar una solución concreta a estos problemas.

Enrique Leite

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