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Las máquinas de Von Newman son el paradigma de la ingeniería del futuro. Se trata de unas máquinas que bordan la perfección. No solo trabajan a pleno rendimiento, sino que además son capaces de repararse así mismas. De tal modo que cuando termina su vida útil nos obsequian con una nueva máquina.

Podemos decir que representan justo lo contrario a eso tan de moda llamado tecnología obsolescente, la creada para que se autodestruya cuando lleva un tiempo prudencial de uso y haya que reemplazarla por otra nueva.

La Naturaleza, sabia ella como siempre, nos ha marcado que caminar hacia la senda diseñada por Von Newman es el futuro y nos pone sobre la pista de los funcionamientos de modelos animales. Es parte de la base de la biotecnología y del empleo de organismos vivos para la remediación, por ejemplo, de espacios contaminados.

Pero hoy no nos vamos a detener sobre esta tecnología, sino sobre la convencional y sobre los avances que los humanos —machacones que somos, oiga— realizamos para alcanzar ese paradigma antes descrito. Un nuevo polímero desarrollado en una universidad de Illinois es capaz de autorrepararse.

Para ello, los investigadores se inspiraron en el sistema de coagulación de la sangre humana. Es decir, han creado en el interior del material un sistema vascular que permite, cuando se produce un agujero, que el líquido que lo repara vaya llenando poco a poco el boquete hasta lograr prácticamente que se cierre la herida.

Las pruebas realizadas en el laboratorio lograron que el gel milagroso llenara una grieta de más de 35 mm en apenas 20 minutos y su restauración fue completa en tres horas. De momento, el logro conseguido es pequeño, pero ya saben, un pequeño paso para el hombre pero grande para la humanidad.

De seguir por este camino, los ingenieron podrán lograr desarrollar edificios o máquinas que sean capaces de restaurarse solas tras sufrir los devastadores efectos, por ejemplo, de un huracán o un terremoto.

Habrá que preguntarle a las constructoras y a las empresas que viven de las reparaciones qué piensan de ello.

A. Luengo

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