satrelite

De cuando en cuando, en este blog nos detenemos en asuntos que tienen que ver con la carrera espacial. Sin duda, como a la mayoría de los mortales, la idea de viajar al espacio, saber si hay otros modos de vida o colonizar nuevos planetas nos resulta más que atrayente. Y más si pensamos en cómo vamos arrasando el propio.

Poco a poco, el desarrollo científico vinculado a este particular reto va dejando de ser asunto de dos países —Estados Unidos y la extinta Unión Soviética— para convertirse en un tema en el que participamos todos. Porque colonizar el espacio no solo es cuestión de lanzar naves tripuladas; colocar un satélite en órbita para las telecomunicaciones también forma parte de esa loca carrera.

Por otra parte, si algo caracteriza nuestra vida es la generación de residuos. Somos una, por no decir la que más, especie que genera mucha cantidad de basura para mantener nuestro estándar de vida.

Pues relacionen ambos conceptos, basura y carrera espacial, y comprobarán que además de contaminar la Tierra estamos haciendo lo propio con el espacio. Desde que miramos al cielo con instinto depredador, hemos ido alojando hasta 17.000 trastos inútiles vagando por el espacio, que se va convirtiendo paulatina pero inexorablemente en un gran vertedero.

Esta basura espacial está formada por satélites inutilizados, restos de cohetes y otros objetos derivados de las misiones rumbo al infinito. Una tercera parte de ellos tienen la marca de made in URSS, un poco menos la de EE UU y, de manera creciente pero a distancia, los restos procedentes de China. Y en menor media, basura de Francia, Japón, India, etc.

Es decir, una vez más el ser humano se está convirtiendo en un problema para el equilibrio, en este caso del cosmos. Seguimos practicando esa máxima de pensar en el hoy sin evaluar los conflictos que surgirán en el mañana. Y en ese “Dios proveerá”, no conocemos realmente el alcance que arrojar esos residuos puede ocasionar en los ecosistemas.

De momento, hemos podido constatar que esa basura se ha convertido en un problema para los propios astronautas, quienes se ven obligados a realizar complejas maniobras espaciales para evitar que esos restos golpeen sus naves.

Afortunadamente, existen programas para controlar dichos residuos, como el U.S. Space Surveillance Network (SSN), un programa que detecta, cataloga e identifica estos ingenios que orbitan alrededor de la Tierra.

Siendo interesante esta iniciativa, resulta acuciante que todos los países se sumen a programas como el Clean de la ESA (2012) y se desarrolle tecnología para recuperar y retirar de forma segura la basura espacial.

Ya que parece imposible conservar de manera eficiente la Tierra, no estaría de más que no remedemos esos comportamientos salvajes al espacio, que si algo caracteriza la carrera espacial es su modernidad, y nada más moderno que el conservacionismo.

Enrique Leite

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