La genética sigue ofreciéndonos buenas noticias y desvelando misterios acerca de nuestra existencia. El objetivo perseguido más práctico es sin duda que a través de su conocimiento seamos capaces de erradicar enfermedades que ahora mismo forman parte de nuestras pesadillas domésticas. Otros, más alambicados y controvertidos, son ofrecer la posibilidad de crear vida artificial en el laboratorio o lograr la vida eterna.

Obviando el debate de fondo —ese del humano queriendo jugar a ser dios— y quedándonos con el primero —el de conseguir el fin de las enfermedades—, en numerosos laboratorios se desarrollan experimentos con el objetivo de crear organismos vivos con modificaciones genéticas que mejoren determinados aspectos de su código genético que, a su vez, permitan mejorar determinadas habilidades, como sortear enfermedades.

Los éxitos conseguidos, y debidamente publicitados en las revistas del ramo, suponen subir un peldaño en esa carrera. Y eso han conseguido no hace mucho en un el Instituto de Investigación Scripps de California, donde han creado un organismo semisintético que tiene la particularidad de tener un código genético de tres pares de bases, en lugar de las dos habituales. El logro prueba que “hay otras soluciones posibles para almacenar la información genética y nos acerca a emocionantes aplicaciones, entre ellas el desarrollo de nuevos y más potentes medicamentos”, en palabras del director de la investigación Floyd Romesberg.

Se trata una recreación mejorada de la bacteria E.coli, a la que han incorporado un nuevo par de bases genéticas creadas en el laboratorio, a las que han denominado d5SICSTP-dNaMPT. El avance es que la bacteria las ha aceptado con total normalidad y que han conseguido ampliar ese curioso alfabeto por el cual se regía la vida.

No hace mucho, la Ciencia nos sorprendía con la creación artificial de un cromosoma de la levadura mediante procedimientos bioquímicos y Venter consiguió generar una célula capaz de portar un cromosoma sintético. Cada día estamos más cerca de la creación de vida en el laboratorio con genomas a la carta, sin duda.

Eduardo Costas

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