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Prácticamente desde el comienzo de este blog, nos declaramos confesos admiradores de los modelos animales —en contraposición de los que nos afanamos por desarrollar los humanos—. Intentar crear uno nuevo —es decir, sometido a correcciones— cuando tenemos a nuestro alcance miles que han sido fruto de un paciente proceso evolutivo, con lo que su eficacia está probada y avalada por la supervivencia de una u otra especie, parece cosa de necios, pero allá nosotros.

El caso es que la observación cuidadosa de la Naturaleza nos obsequia con pautas que podríamos aplicar perfectamente, como técnicas de optimización de nuestros modelos de funcionamiento o productivos. De hecho, un grupo de investigadores piensa que, imitando las estrategias de las hormigas cuando buscan comida de manera colectiva, podríamos encontrar lo que realmente buscamos cuando nos metemos en internet a la caza de alguna información y caemos enredados en la maraña del buscador de turno.

Cuando estos insectos salen a por su comida, comienzan por buscarla  en círculos —aparentemente caóticos—. Cuando se agotan o encuentran comida vuelven al nido y el rastro en forma de feromonas que dejan sirve a las compañeras para localizar el banquete y trasladarlo a la colonia. Cada carga representa un nuevo rastro de feromonas que deja la portadora.

Pero como el olor secretado se evapora rápidamente, resulta que los rastros más fuertes señalan el camino más corto a las viandas, por lo que son los más frecuentados. De este modo, las hormigas eligen los caminos que exigen un menor tiempo de desplazamiento, optimizando sus energías y evitan los riesgos de ser atacados por otros depredadores. Como ven, todo ventajas.

Trasladar este complejo proceso a algoritmos matemáticos, a juicio de los científicos, plantea la oportunidad de poder copiarlo para aplicarlo a otro tipo de procesos. Por una parte, nos puede ayudarnos a entender con mayor facilidad cómo otros tipos diferentes de animales ejecutan sus movimientos —es decir, una herramienta que facilite el conocimiento científico— y también, por qué no, para que los desarrolladores web diseñen patrones de conducta a los buscadores de internet o para diseñar rutas de transporte más eficaces.

Quién lo iba a decir, las hormigas al servicio de la eficacia productiva. Esperemos que nuestros patrones no apuesten por superhormigas para contratarlas como couriers.

Enrique Leite

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