disfuncion erectil

Cualquier nuevo hallazgo que confirme que la práctica del sexo resulta saludable será siempre bienvenido, al menos por la parte masculina que redacta estas páginas. Y la población masculina en general aplaudirá, sin duda, aquellos estudios que aseguren que la cantidad o la frecuencia, amén de la calidad, resultan fundamentales para mantener viva durante más años la actividad sexual.

Así que, siguiendo este argumento autocontemplativo, allá va el último publicado: los varones que dan rienda suelta a su sexualidad tres o más veces por semana reducen hasta cuatro veces las posibilidades de padecer disfunción eréctil. La noticia resulta gratificante no solo porque es un buen hilo argumental para deshacer las reticencias de la contraria —“Mira cielito, que si no lo hacemos hoy, quién sabe qué podrá pasar el día de mañana”—, sino porque supone una nueva terapia para esas molestas caídas sin respuesta que dejaban sin llama la antorcha de nuestra pasión.

Tradicionalmente, la prevención para los problemas de erección pasaba por las habituales prohibiciones: no fumar, no beber, no consumir drogas… Y las no menos conocidas recomendaciones: dieta equilibrada y ejercicio físico a diario. Un vademécum para algunos insoportable por lo aburrido y para otros de imposible cumplimiento.  Pues a todas las expuestas, a sumarle la saludable práctica del sexo. Pero no olvide que todas son complementarias y ninguna es sustitutiva.

Ventajas para los varones: pues que favorece la buena marcha del sistema cardiovascular, mejora la elasticidad de las arterias y los cuerpos cavernosos. Eso para lo puramente físico. Y para lo psicológico —también la mente es un factor desencadenante de esa incapacidad— los autores del estudio destacan que una sexualidad activa mantiene unos niveles adecuados de la producción de superóxido de dismutasa, una enzima que favorece la eliminación de aquellas que proliferan cuando estamos estresados. Y ya sabemos que unos niveles altos de ansiedad acaban conduciendo a un proceso de envejecimiento de nuestro organismo (también esa parte que está usted pensando); lo que se traduce en un mal funcionamiento.

Abundar en más argumentos me parece que sobra y que es el momento de que pasen de las palabras a los hechos. Manos a la obra.

Enrique Leite

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