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La desaparición de las abejas de la faz de la Tierra es uno de los misterios más inquietantes del siglo XXI. Y no es solo un asunto de proteger a una especie que alarmantemente ha descendido en su población, sino por el efecto multiplicador que tiene sobre flora y fauna: no debemos olvidar su papel como transportistas de polen, que permite que determinadas plantas puedan florecer.

Todo apunta a un culpable. Ese mismo que tiene en mente: el hombre y la utilización indiscriminada de sustancias que acaban por contaminarlo todo. En concreto, el uso de pesticidas industriales hace que se contamine el polen, que acaba esquilmando a las pobres abejas.

Pero no se trata ahora de buscar culpables, sino de encontrar soluciones. Y en este terreno, el de la investigación, una vez más la propia Naturaleza nos brinda una mano para remediar algo que ella no ha provocado. Es decir, soluciones biológicas a problemas industriales.

Los ensayos de laboratorio llevados a cabo en Reino Unido revelan que un pesticida natural hecho a partir del veneno de una araña representa la alternativa más segura a los tratamientos químicos industriales que actualmente se utilizan y que están relacionados con la disminución de las poblaciones de abejas en muchos países.

El nuevo compuesto, formado por una combinación del veneno de la Atrax robustus, una especie natural de Australia, y de una proteína vegetal (lectina), demuestra que no causa daño a las abejas pero sí resulta tóxico para determinados insectos que son los responsables de las plagas y a los que se dirige la acción de los pesticidas al uso. El biopesticida ha sido bautizado como Hv1a/GNA.

Las pruebas realizadas aseguran que las abejas quedarían a salvo y que no verían mermada ninguna de sus facultades. Del mismo modo, estamos ante un remedio biológico que tampoco representa un peligro para los humanos. Aunque visto lo visto y comprobada nuestra natural inclinación por sembrar el caos y destrozarlo todo, me planteo si no sería bueno que actuara de manera selectiva y acabara con esos individuos de nuestra especie especialmente depredadores.

De momento y haciendo un voto de confianza por la Humanidad, esperemos que aumente la legislación restrictiva del uso de determinados pesticidas industriales y que trabajos como este del que nos hacemos eco hoy cuenten con el beneplácito de nuestros dirigentes para que se apliquen de manera extensiva en todo el mundo.

A. Luengo

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