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Han leído bien. El tema del día esta dedicado a corregir ciertas prácticas propias del universo masculino.  Y es que  si molesta resulta esa manía de los hombres de dejarse la tapa del váter siempre abierta, peor son los restillos en forma de salpicones que dejan casi siempre que acuden a vaciar su vejiga.

Muy orgullosos se muestran de su órgano, pero resulta parejo a su grado de satisfacción el mal uso que le dan. Porque, digo yo, si la naturaleza les ha otorgado el privilegio de poder orinar de pie y dirigir el miembro a voluntad y si tanto presumen de su capacidad de orientación que les facilita la lectura de cualquier mapa, ¿por qué son incapaces de apuntar a la dirección correcta y evitar poner todo como una cochambre?

Así que, como estamos ante uno de los factores destructores de los cimientos de la buena vida en pareja, allá van unos consejos para los machos alfa pero sensibles que se perdieron las clases de ciencias durante su periodo de aprendizaje. 

Lo primero que deben recordar y grabarse a sangre y fuego es que el centro de la diana no lo forma la parte que está cubierta por el agua. Este punto es el inicio del desastre. La razón es que aunque se trate de dos elementos líquidos, al entrar la orina en contacto con el agua se produce un efecto de rebote. El chorro irrumpe contra la superficie del agua y sale expedido provocando las salpicaduras.

Un efecto que se ve potenciado, además, por un fenómeno denominado inestabilidad de Plateau-Rayleigh, que viene a decir que una corriente descendente de líquido se rompe en pequeñas gotas, en el caso de los hombres a unos 15 centímetros de la salida de la uretra.

Y como no es cuestión de mandarles a estudiar ni física ni dinámica de fluidos, quédense con la solución… Algo tan sencillo como dirigir la manguera hacia la superficie de porcelana y colocarse lo suficientemente cerca de la taza para evitar la formación de gotitas. O sea, nada de competiciones contra uno mismo en plan “a ver cuanto llego de lejos ”.

Por otra parte, y no menos importante, si es de los varones coquetos a los que les molesta ir plagado de salpicaduras en pantalones y zapatos que evidencien que acaba de salir del excusado, basta con cambiar el ángulo de tiro. Si lo modifica en 30 grados evitará en un 90% las posibilidades de resultar condecorado.

Los dos físicos que han realizado el estudio de “dinámica urinaria” añaden otras tres recomendaciones para evitar salpicaduras: poner papel higiénico en la tapa para amortiguar el impacto, usar recubrimientos hidrófilos en los inodoros-muy de moda hace unos años-y, sobre todo, orinar sentados.

Así que  tomen nota, señores, que en el cuarto de baño se cimenta uno de los principales problemas de la cohabitación de géneros en nuestra especie. Ya  lo decía mi madre. Si quieres que una relación dure: hay que tener dos baños.

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

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