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Las habilidades genéticas siguen sorprendiéndonos, al menos a los más profanos en la materia. Sobre todo cuando hablamos de esas huellas que llevamos impresas desde que nacemos y que pueden convertirse en un salvavidas natural ante los peligros.

Nos valemos de nuestros sentidos para mantenernos en alerta y en función de la especie que tratemos destacan unos sobre otros. Partamos de la base que la cadena natural hace que cada animal cuente con su propio depredador y centrémonos en el olfato, quizá el menos desarrollado en nosotros pero el sentido que más satisfacciones da a otras especies.

Curiosamente, aunque un ratón no haya visto un gato en su vida, cuando siente su presencia, siente el miedo de un asesino que se le acerca, su cola se hace una rosca en torno a su anatomía y se acurruca en una esquina (es decir, se paraliza por el miedo e intenta pasar desapercibido). Sencillamente, ha olido la presencia del gato y se pone en alerta.

Es un comportamiento no aprendido que tiene que ver con dos elementos: la información innata de por dónde le viene el peligro y el desarrollo de su sentido olfativo. Un grupo de científicos se dedicó a estudiar esta peculiar manera de comportarse de los roedores y descubrió que son capaces de detectar el compuesto químico que los paraliza. Se trata de las proteínas que son excretadas en la orina por gatos, serpientes y un gran número de sus depredadores.

Los científicos comprobaron mediantes técnicas tomográficas cómo determinadas neuronas del cerebro de los ratoncillos se activan y les alertan nada más detectar este tipo de proteínas y les colocan en una posición a la defensiva. ¿Y bien?

Pues saquen su aplicación práctica. Si queremos mantener nuestro territorio libre de la presencia de ratoncillos, no hará falta que contraten al flautista de Hammelin para que los aleje de sus dominios a base de toque de flauta, bastaría con desarrollar un producto que emitiera determinados olores y creara una campana de protección en forma de repelente.

Si huelen que se adentran en territorio de gatos, los ratones no traspasarán esas fronteras.

No hace falta un exterminador, un buen desodorante puede representar una alternativa eficaz para erradicar plagas. Al menos eso piensa un matrimonio japonés (de gente de ciencia) que está a punto de sacar al mercado un producto que infunde pánico a ratas y demás roedores y cuyo olor nosotros no somos capaz de percibir.

Enrique Leite

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