La mejor manera de cortar una tarta no es en forma de triángulo... Foto de Carlos Larios

La mejor manera de cortar una tarta no es en forma de triángulo… Foto de Carlos Larios

Vaya por delante que no me considero una cocinitas. Aunque me gusta comer y disfruto con la buena mesa, que no es poco para otorgarme la capacidad para discernir entre un buen plato y otro mediocre. A partir de ahí, mi presencia entre fogones es —como para muchos— una mezcla de placer y necesidad. Placer por obsequiar a mis amigos con mis delicatesen —porque haberlas, háylas— y necesidad, porque ya dije que me gusta comer y, además, lo hago al menos dos veces al día.

Eso no quita para que tenga que padecer las continuas veladas críticas de mi santo, que se empeña —y no sé por qué— en demostrar mis carencias en lo tocante a habilidades culinarias. Sobre todo en el manejo del cuchillo, según él, imposible habilidad femenina. No entiendo la razón —o sinrazón, según se mire— de su empeño perfeccionista en que debo cortar el queso, por ejemplo, en forma de triángulos perfectos o que soy una inútil manifiesta cuando se trata de dividir en porciones una tarta… Así que para él, y el resto de listillos que revolotean cuán abejorro por la cocina, va dedicado este post.

Y la primera en la frente… Pues no, si queremos ser escrupulosos y ajustarnos al método científico, que por otra parte es el adecuado para que nuestro pastel no pierda ni una de sus propiedades ni una pizquita de sabor, lo correcto no es hacer cortes en forma de triángulo. Hay que trazar con el cuchillo dos cortes en paralelo en la diagonal de la tarta y obtener una tira grande en el medio.

Y no es capricho, estos consejos los publicó el afamado inventor Francis Galton en 1906 en la revista Nature en su edición nº 75. La siguiente porción se obtiene del mismo modo, pero en esta ocasión el corte se realiza en el sentido contrario; es decir, girando la posición del cuchillo 180º. De este modo facilitaremos luego su almacenaje y conservación.

Una vez terminadas las tareas de corte, ¿qué hacemos con la parte sobrante? Pues las empujamos cerrando el circulo. De este modo evitaremos que la línea de corte quede expuesta al exterior —a la oxidación— y el alimento conserve todas sus propiedades. Una vez unida, basta utilizar una goma elástica o lo que tenga a mano para que ejerza una presión sobre el contorno y evite que se abra.

Lista para guardar… y cuando quiera continuar comiéndose el manjar, pues a repetir el proceso.

¡Qué ganas tenía de pillarte en un renuncio…querido!

Laura  Castillo Casi, enfermera y periodista

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