bicho al sol

En mayor o menor medida, los occidentales somos presos de la estética y dentro de los rankings al uso, salvo que forme parte de la secta de los góticos, tener un color de piel saludable se sitúa en los puestos de cabeza. Algunos, como Briatore o Julio Iglesias, lo llevan a los extremos y lucen los 365 días del año un tostao más que sospechoso. Cuando esta manía se convierte en obsesión se llama tanorexia.

Y en tratándose de adiciones, habrá que ver los mecanismos que suceden en nuestro cerebro para ver cómo se desarrollan. El asunto tiene que ver con la vitamina D, la responsable de sintetizar el calcio que pasa, entre otros sitios, a nuestros huesos.  Y si tenemos una carencia de esta vitamina y se cortocircuita este camino, la primera consecuencia es que nuestro esqueleto se debilita, se pueden producir malformaciones y en el peor de los casos nos conduce al raquitismo.

La vitamina D la podemos encontrar en numerosos alimentos, pero también la podemos obtener a través de la exposición a los rayos solares. Por eso esa antigua recomendación de tomar baños de sol —con moderación— para mejorar nuestra osamenta.

Pero, y siempre hay un pero, esta práctica conlleva un riesgo. Un estudio, todavía en fase de experimentación animal, ha demostrado que la exposición al sol, a los rayos UV, libera endorfinas. Es decir, que libera la hormona del bienestar. De ahí su componente adictivo.

O para explicarlo de otra manera, el recorrido hormonal de tomar el sol es la misma vía que la del consumo de opiáceos. En el experimento, con ratones, los investigadores comprobaron cómo los roedores expuestos —de una manera un tanto exagerada— la luz UV aumentaban considerablemente su nivel de endorfinas en la sangre y padecían un síndrome de abstinencia cuando les administraban un fármaco que bloqueaba los receptores de dicha hormona.

Es como si estuviéramos preparados genéticamente para sucumbir a esta peligrosa adicción. Precisamente por las perjudiciales derivadas de los excesos de exposición a los rayos solares —el temido melanoma o cáncer de piel—, deberíamos concienciarnos desde niños frente a este enganche al sol.

Del mismo modo que un vaso de vino al día resulta beneficioso para nuestro sistema vascular pero estamos con la guadaña preparada para no caer en el alcoholismo, debiéramos hacer lo propio frente a la tentación de tumbarnos al sol durante largas horas.

Que esta aparente inocua acción resulta tan adictiva como otras.

Jesús Pintor, catedrático de Bioquímica y miembro RANF

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