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Hace poco, un paciente mío que acaba de superar un melanoma —el peor de los cánceres de piel— expresaba su deseo inminente de poder de nuevo disfrutar de un baño de mar. Inocentemente, aseguraba que por supuesto con factor de protección. Y lo hacía al hilo de una tranquila conversación de sobremesa en la que ponía de manifiesto la cantidad de indocumentados y desmemoriados que pisan la faz de la Tierra.

Y creo que tiene razón, que la memoria se torna muy delgada en demasiadas ocasiones. Así que hoy, cuando aprieta el calor en pleno auge estival, voy a dedicar unas líneas a esos números que aparecen en los envases de las cremas solares. De cuando en cuando es bueno y necesario recordar lo obvio.

Por empezar a desterrar malas informaciones, ese número que corresponde al factor de protección no corresponde al grosor del filtro ante los rayos UVB, sino el tiempo de exposición máxima al sol que nos protegerá de quemaduras. Es decir, un factor 15 —por ejemplo— no nos indica que es quince veces más resistente, sino que podemos aguantar más tiempo soportando los rayos. Es decir, quien tenga la piel blanca resiste unos diez minutos al sol sin que la piel sufra un eritema, o sea se ponga coloradita. Si se aplica este protector, podrá aguantar unas dos horas y media.

Ahora bien, ni todas las pieles son iguales ni una misma piel es igual en todas las zonas. Por eso, si no se realiza un estudio previo donde le indiquen la resistencia de su piel, vaya por delante que en esto de los protectores es mejor pasarse que no llegar. Con color, sí, pero sanos.

Y aquí va el segundo recordatorio de lo obvio: la radiación solar es capaz de traspasar la ropa y también las nubes, así que incluso vestidos o en días nublados podemos broncearnos, aunque sea ligeramente. Y como no hay dos sin tres, recuerde que todos nacemos con un capital solar; es decir, un número de horas concretas a la que podemos exponer nuestra piel a lo largo de toda nuestra vida y, cuando se nos acaba este capital, comienzan los problemas serios: carcinomas.

Y antes de terminar, un último consejo o recordatorio de lo obvio, los protectores tienen un efecto limitado y eso nos obliga a refrescar nuestra piel con ellos cada cierto tiempo (un par de horas), tiempo que desde luego se acorta cuando nos metemos al agua.

En líneas generales y a modo de orientación, quédense con el siguiente cuadro sacado de algo tan socorrido como la Wikipedia:

Nivel de radiación (UVI) Piel Clara Piel Oscura
Exposición máx. sin protección Índice protección indicado Exposición máx. sin protección Índice protección indicado
0-2 (bajo) 80 minutos 15 110 minutos 8
3-5 (moderado) 40 minutos 25 60 minutos 15
6-7 (alto) 25 minutos 30 35 minutos 25
8-10 (muy alto) Verano 20 minutos 50+ 30 minutos 30
11+ (extremo) Verano 15 minutos 50+ 25 minutos 50+

Parece que me ha salido un post algo facilón, pero entre el calor y que es la hora de la siesta, como que una no está para mucho más.

Feliz verano… sin quemaduras.

Laura Castillo Casi, enfermera y periodista

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