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¿Somos, el género humano, de interior o de costa? El debate sobre la cadena evolutiva que nos llevó a ser como somos en parte se debate en esta disyuntiva. Y no tiene nada que ver con nuestras preferencias en vacaciones —mar o montaña— o nuestros gustos culinarios —carne o pescado—, sino con la presencia de los traídos y llevados ácidos grasos omega 3.

Estos ácidos resultan fundamentales para que podamos vivir. De hecho, en buena parte de ellos depende la elasticidad de las paredes de nuestro sistema circulatorio —es decir, el efecto contrario al que provoca el colesterol— y son uno de los más importantes aportes de grasa para nuestro cerebro —y no vamos a abundar en el hecho diferencial que supone nuestro cerebro sobre el resto de las especies—. Tan esenciales resultan que en la fase de feto chupamos de nuestras mamás hasta el 70% de los omega 3 que posea.

Tan imprescindibles son que una carencia este tipo de ácidos es sinónimo de padecer problemas cardiovasculares, es un factor preventivo importante de enfermedades como el alzhéimer y, cómo no, su presencia es sinónimo de tener mayor esperanza de vida. Existen numerosos estudios científicos que ponen en relación estos factores con la ingesta de alimentos ricos en omega 3.

Ahora bien, quienes han avanzado en el conocimiento de estos ácidos saben que su presencia es variada en la naturaleza. No solo están en los microorganismos que comen los peces —como microalgas—  y mariscos, también los encontramos en otro tipo de alimentos vegetales como son los frutos secos (bellotas, avellanas, nueces, etc), a través de los cuales pasan a la cadena alimentaria de mamíferos.

Pero, y ahí se alza la voz de los especialistas en nutrición, nuestro cuerpo metaboliza mejor los que proceden de los alimentos marinos: del pescado y del marisco.

Precisamente, por estas razones un grupo de investigadores se decantan por pensar —con cierta lógica— que nuestra evolución para convertirnos en Sapiens resultaría más fácil si nuestros primeros antepasados vivieron en un ambiente costero y se alimentaban de productos procedentes del mar; básicamente marisco.

Y encontrada una razonable explicación de dónde venimos, que cada cual organice su dieta según sus preferencias. Aunque si nos preguntan al equipo de Más que Ciencia, les recomendaremos que no olviden incluir la ingesta de pescado como mínimo dos veces por semana. Nosotros y la OMS, que es una fuente de autoridad mucho más contrastada.

Enrique Leite

 

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