gaviota

Aparentemente, las aves parecen mejor dotadas para gozar de autonomía y elegir sus hábitats gracias a esa capacidad de moverse a larga distancia. Su capacidad de volar les confiere un potencial mayor que el de otras especies para conseguir nuevos espacios donde desarrollarse ante la presión de los humanos urbanitas, los principales depredadores que existen hoy en día.

Pero no es así. Cambiar de lugar de residencia supone un cúmulo añadido de problemas: y si no, piense usted en el incordio que resulta una mudanza a otro barrio de su ciudad; y no solo en términos de acarrear todas las cajas con sus enseres, sino en lo que representa de adaptación a un nuevo entorno, a nuevos vecinos, nuevas tiendas donde comprar… Un cambio radical.

Si todo son molestias para nosotros, que estamos teóricamente dotados de una especial habilidad para los cambios, imagínense para el resto, donde intervienen otro tipo de factores y donde la evolución juega un papel clave.

El asunto es que pocas especies de aves son capaces de resistir la presencia de humanos en sus espacios naturales de cohabitación. Urbanizar supone destruir sus comederos habituales, los espacios donde anidan o se multiplican y la presencia de especies invasoras como son las mascotas que nos acompañan. Un gran esfuerzo que en la mayoría de los casos no tiene final feliz: allá donde nos asentamos se pierde biodiversidad.

Aun así, siempre hay alumnos aventajados que son capaces de adaptarse a los nuevos tiempos que corren. El porqué de esta adaptación se ha desvelado en un estudio que publica la revista Ecology Letters. Según sus resultados, la capacidad de vivir en las ciudades tiene que ver con dos elementos básicos: contar con un nicho ecológico amplio (lo que aumenta las posibilidades de encontrar alimento) y, sobre todo, que la estrategia reproductiva de estas especies sea amplia (dispersar los esfuerzos reproductivos a lo largo del año). Los córvidos, los columbiformes y los estúrnidos han resultado ser las aves más tolerantes a la vida urbanita.

¿Y cuál es la aplicación práctica de este tipo de estudios? Si pensamos que nuestro ansia expansionista sigue en aumento (se prevé un aumento de la ocupación del suelo urbano de 1,2 millones de km2 en los primeros 30 años del siglo XXI) y afirmamos tener una conciencia conservacionista, sencillamente para planificar esos nuevos asentamientos y hacerlos compatibles con las especies que los habitaban antes de nosotros.

A Luengo

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