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La arquitectura y el diseño no son disciplinas exclusivas de los humanos. Si me apuran, podemos afirmar sin ningún tipo de rubor que las habilidades para la construcción son comunes a todas las especies y que la observación de cómo trabajan resulta a la postre una fuente de inspiración más que adecuada para realizar nuestros propios diseños.

Como casi todo, estas técnicas constructoras nacen de la necesidad. Es decir, resultan fruto del ambiente —que nos obliga a adaptarnos— y la evolución —que otorga a los más eficientes el don de la supervivencia—.

Ajustado el preámbulo, es el momento de afirmar que los modelos animales que mejor funcionan son aquellos que se basan en un consumo inteligente de la energía, es decir, en el mejor aprovechamiento de esta.

Por ejemplo, los escorpiones construyen unas madrigueras que les permiten tener las condiciones adecuadas de temperatura para poder vivir en climas tan extremos como los desiertos.

Un grupo de investigadores ha descubierto que gracias a un diseño altamente sofisticado, donde se alternan galerías verticales y plataformas horizontales hasta llegar a una cámara sin salida, son capaces de tener un refugio fresco donde la evaporación de agua es mínima. Un habitáculo fundamental para escapar y descansar de las altas temperaturas diurnas.

Las plataformas horizontales escalonadas tienen la función de permitir que su organismo se adapte paulatinamente a los cambios de temperatura que se va a encontrar en superficie —son animales que se basan en la energía del ambiente para regular su temperatura interna—.

Y llega el momento de la moraleja: comprender la relación entre las condiciones ambientales y las estructuras de estos refugios podría ayudar a predecir cómo los constructores de madrigueras responderán al cambio climático.

Unas enseñanzas que, lógicamente, luego podríamos aplicar en nuestro propio beneficio.

A. Luengo

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