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A veces las relaciones sexuales no resultan placenteras. No nos queremos parecer a ninguna campaña publicitaria de ningún producto, pero ¿quién no ha pasado alguna vez por una experiencia desagradable en forma de irritación o incluso dolor cuando hemos practicado el sexo?

Si eliminamos todo el romanticismo e incluso lo puramente sexual, lo del coito se puede reducir a su expresión más simple: una cuestión de fricción de dos cuerpos. Y ya sabemos que en física o la mecánica, el roce —provocado por la aspereza, la piel, o la fuerza en que se produzca— es sinónimo de desgaste o de calentamiento. Y eso se acaba traduciendo en dolor.

Los que inventaron las primeras maquinas ya se dieron cuenta de este problema y encontraron una solución relativamente sencilla: lubricar —con agua o con algún tipo de aceite o compuesto químico— para reducir el cansancio en el material que provoca la fricción.

El agua, la solución más económica y de rápido alcance —basta con recurrir a nuestra propia saliva— no es la idónea. Sus moléculas tienen una curiosa propiedad: pueden atraerse entre sí o a la de los materiales con los que entran en contacto (pueden ser hidrofílicos o hidrofóbicos) y en este caso su efecto como lubricante desaparece. En el caso de los cuerpos humanos, la hidrofilia existe pero es poco duradera. O lo que es lo mismo, su efecto lubricante resulta escaso y es preciso humedecer constantemente. Por eso la industria enriquece sus lubricantes basados en el agua con otras sustancias como la glicerina —muy hidrofílica—.

Otra manera de lubricar es utilizando productos oleosos —aceites— cuya textura es más viscosa o espesa y cuya principal característica —química— es que repelen el objeto con el que entran en contacto provocando un efecto… llamémosle resbaladizo. Una tercera se cimenta en el uso de la silicona.

Y si ha llegado hasta aquí, quizá se pregunten por la moraleja de esta historia. Sencillamente, ayudarles a elegir y a conocer mejor cualquiera de los lubricantes existentes en el mercado y, sobre todo, para que no se me desanimen y en cuanto que surja un problema de fricción en la pareja, ponga remedio con un lubricante.

Para los otros problemas de fricción nos quedamos con la melodía de Mary Poppins, cuando nos decía “que con un poco de azúcar esa píldora se traga mejor”.

Camino García Balboa, doctora en Química

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