buscarse la vida

En momentos de crisis se impone una máxima: buscarse la vida. Es decir, darle a la cabeza para encontrar alternativas que nos permitan sobrevivir. Aunque parezca algo moderno, lo cierto es que este concepto es tan antiguo como la propia existencia y forma parte de los mecanismos evolutivos de la supervivencia.

Este mecanismo no es ajeno al resto de las especies, digamos que forma parte de un patrón universal de los seres vivos. Lo que resulta curioso, y en este momento es donde incorporamos los adjetivos científicos, es que fruto de esta actividad algunas especies lograr un desarrollo que estimula el cerebro y su capacidad cognitiva.

Un reciente estudio realizado en EE UU apunta en esta dirección. La crisis, esta vez en forma de falta de alimentación, jugó un papel clave para el desarrollo de las herramientas en los primeros homínidos. A falta de otro tipo de proteínas, esos primitivos ancestros se vieron obligados a excavar en la tierra a la caza y captura de insectos o babosas que aportaran nutrientes. Y eso les hizo agudizar el ingenio.

El experimento lo han protagonizado monos capuchinos, a quienes se les privó de una de sus fuentes de alimentación preferida: la fruta madura. Y a falta de pan, buenas son tortas. Los monos se dedicaron afanosamente a conseguir otra fuente alimenticia; lo que les condujo, en primer lugar, a resolver el problema al que se enfrentaban y al desarrollo de la destreza manual —incluyendo el uso de herramientas— como solución.

Y haciendo un desarrollo en paralelo con los humanos, esos monos no solo han conseguido dar un paso en su propia evolución, además han conseguido un cambio en su alimentación, más rica en proteínas, que a la postre va a influir en su desarrollo cerebral —van a lograr un aporte extra de grasas que benefician a este órgano—.

“Los primates que extraen los alimentos en los entornos más estacionales experimentan la selección más fuerte en el dominio de la inteligencia sensoriomotora, que incluye el conocimiento relacionado con el manejo de obstáculos. Esto puede explicar la aparición del uso de herramientas en algunos linajes de monos capuchinos, por ejemplo”, explica  una de las autoras del estudio.

A fin de cuentas, en el camino de la evolución, saber buscarse la vida también resulta interesante y en ocasiones fundamental.

Enrique Leite

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