volver de la muerte

Saber que padeces una enfermedad incurable y que te congelen hasta que se descubra la medicina o técnica para curarte forma parte de las leyendas urbanas más extendidas y deseadas. En su momento, la criogenia era la respuesta a ese interrogante y con ella se alimentaron mitos como que Walt Disney no murió realmente y que pacientemente espera hibernando a que se encuentre la solución a su mal.

Sin llegar a tanto ni con la intención de provocar debates estériles, no hace mucho hemos leído que un grupo de científicos norteamericanos son capaces de mantener un cuerpo varias horas en estado de animación suspendida. En palabras que todos entendamos, hacer revivir un cuerpo sin vida. No es la leyenda de la criogenización, pero sí la de mantenernos un tiempo razonable sin vida mientras que se reparan las lesiones (por ejemplo, tras un accidente, donde los minutos juegan un papel fundamental para salvarle la vida al lesionado).

Aunque, y siempre hay un matiz, para ello hay que enfriar el cuerpo y conseguir paralizar su metabolismo primero y reanimarlo después. Esto ocurre cuando nuestro organismo alcanza los 10 grados centígrados; o sea, unos 26 menos de los que habitualmente tenemos y con los que desarrollamos nuestra vida.

El método lo que propone es bajar la temperatura a este nivel, drenarle la sangre y sustituirla por una solución salina. Teóricamente, a partir de ese momento, hemos ganado tiempo, el suficiente para algunos pacientes de gravedad y los médicos pueden trabajar más relajadamente en el problema.

La reanimación es sencilla, se bombea la sangre extraída y se aumenta progresivamente la temperatura. El caso, y esto es lo significativo, es que la técnica se ha probado con éxito con animales y ha funcionado y por lo tanto comienzan las pruebas reales con humanos.

El único problema postoperatorio que aun siembra dudas es el relativo a unos posibles daños cerebrales ocasionados por la falta de oxígeno al cerebro. Los investigadores aseguran que las pruebas animales atestiguan que no existe ese riesgo.

Jesús Pintor, catedrático de Bioquímica y miembro de la RANF

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