crimen

Los aficionados a las películas y series de suspense saben bien que huesos y dientes son un buen hilo para tirar de la madeja y desentrañar los crímenes. En Paleontología en particular y en todas las disciplinas que estudian la prehistoria en general, resultan vitales.

Y no solo para la datación, sino porque estos fósiles contienen innumerable información que permite reconstruir con altos grados de fiabilidad lo que ocurría hace miles de millones de años. Nuestras líneas de hoy no llegan quizá tan lejos, pero sí hacemos un viaje en el tiempo de un puñado de años.

Nos centramos en nuestra presencia y en el momento en el que dejamos la existencia errante y nos asentamos en territorios de manera fija. Eso ocurrió gracias a un cambio radical en nuestros hábitos, el paso de cazadores/recolectores a agricultores. Queramos o no, la tierra es la que nos ancló a determinadas zonas del planeta.

Ahora bien, cómo y cuándo se produjo este tránsito es algo que sigue estimulando la imaginación científica y, por ende, los trabajos sobre el terreno. Y para ello están resultando fundamentales las pistas que se esconden en los dientes.

El análisis de muestras encontradas en un yacimiento en Sudán apunta a que nuestros antepasados tenían un conocimiento muy preciso de las plantas y que antes de ser agricultores habíamos tomado la decisión de incorporar de manera permanente los vegetales a nuestra dieta. Y lo hacíamos porque conocíamos que su ingesta nos proporcionaba energía —carbohidratos— y remedios naturales para curar nuestros males —propiedades medicinales—.

Los restos dentales, además, sugieren que estos prehistóricos hacían ensaladas o menestras variadas. Las evidencias hablan de una dieta rica y variada y que además se trataban. Los restos de fibras apoyan que se preparaban previamente, con la masticación por ejemplo, y que se cocinaban.

Curiosamente, por la ingesta de determinadas plantas se sabe que el nivel de caries en estas poblaciones no debían de ser muy alto (uno de los tubérculos encontrados es un inhibidor de la bacteria que las provoca).

Todo un universo por explorar…  tan solo basta con observar minuciosamente la placa dental.

Camino García Balboa, doctora en Químicas

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