riñon

Tener una buena base de datos estadísticos y realizar cruces entre varias variables —por muy estrambóticos que parezcan— proporciona en ocasiones buenos réditos para la Ciencia en forma de soluciones para determinados problemas, en especial de salud.

Tomemos por ejemplo dos datos por separado. El primero, que año a año, fruto del cambio climático, aumentan las temperaturas y se acorta la diferencia entre las estaciones. El segundo dato es relativo a la evolución de las personas que padecen de cálculos en el riñón. Unámoslos y la resultante es que se puede incrementar el número de pacientes que sufre esta patología en un 20% en los próximos años.

El estudio, realizado en Estados Unidos, reflejó un considerable aumento de los casos de piedras en el riñón los 20 días siguientes a que los termómetros reflejaran subidas no usuales de las temperaturas. Y no se trata de un hecho casual, sino que se ha venido produciendo sistemáticamente durante los últimos 30 años.

El asunto tiene su miga y cierta lógica, aunque nadie había encontrado relación hasta ahora. A mayor calor, el cuerpo humano precisa de más cantidad de agua para contrarrestar la sudoración y la deshidratación; dos factores claves para que aparezcan esas molestas piedras, que se traducen en unos cólicos nefríticos que no recomendamos padecer ni a nuestros peores enemigos.

Las piedras se forman en el riñón cuando se produce una acumulación o concentración alta de calcio y fósforo, entre otras sustancias que se pueden cristalizar, en la orina.

Además de la dieta y el estilo de vida, no estar debidamente hidratado contribuye a agravar este problema, aunque no son los únicos factores de riesgo (también existe un factor genético).

Sumen esta nueva causa a la de efectos del cambio climático. Si es de los escépticos o de los que solo se preocupa por la economía, haga cálculos del numero adicional de gastos para los sistemas públicos de salud que supone tener que atender a estos nuevos enfermos.

Aunque solo sea en términos de costes, ¿no merece la pena ponerse a pensar lo que supone un grado más de temperatura en nuestras vidas?

Lara de Miguel Fernández, limnóloga, y Beatriz Baselga, veterinaria

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