gimnasio y dieta

La verdad es que me lo temía y esperaba como agua de mayo un estudio como el que acaba de publicarse. Pero no nos anticipemos. Intento hablar de esa manía que tienen algunos de recurrir al ejercicio físico como el bálsamo de fierabrás que todo lo cura, al menos en lo tocante a perder peso.

A mí, rarita que es una, la lógica siempre me soplaba al oído que tras una maratoniana sesión en el gimnasio, lo que me pasaba es que acababa sudada cual pollo, con algún dolor articular —al fin y al cabo la torpeza en esos espacios siempre se traduce en golpes y contusiones— y con unas hambres que ni para qué contarles.

Por ello, cauta, evitaba darme grandes palizas atléticas y cuidar escrupulosamente mi dieta. Por aquello de ingresar menos calorías de las que gasto. Y mira por dónde, parece que el sentido común camina en este tema de la mano la investigación científica. 

El estudio se ha realizado por daneses y su conclusión me suena a música celestial: hacer ejercicio duro no es la fórmula adecuada para quemar grasa. Y para probarlo tomaron como muestra a tres tipos de personas que fueron objeto de observación: uno mantuvo su vida sedentaria habitual, el segundo practicaba ejercicios aeróbicos de manera moderada —el equivalente a la quema de 3.000 calorías– y un tercero se mataba en el gimnasio para quemar 6.000.

Casi cinco meses después, comprobaron que los del primero grupo no evidenciaron cambios en su físico —era de esperar—, y que en los otros dos, los más moderados experimentaron los cambios más significativos. Adelgazó más el grupo del ejercicio más suave que los que se machacaron. Y lo hicieron en una proporción casi de de uno a tres.

¿Por qué? Pues porque ese esfuerzo extra con la tabla de ejercicios redunda en un cambio de hábitos que nos conduce a más sedentarismo (estamos más cansados y eso se refleja en el resto de las actividades que realizamos a lo largo del día) y que se produce un cambio en el balance energético… Cierto, quemamos calorías en una hora… pero al bajar la actividad en las otras horas de la jornada y al aumentar nuestras ansias de comer, al final el resultado no es para tanto.

Aunque los científicos no se atrevieron a mostrar conclusiones contundentes, yo sí extraigo una. Para tener un peso ideal, no hay que dejarlo todo a la mano del deporte. Se trata de hacer una vida sana, combatir el sedentarismo durante todo el día y combinar algo de ejercicio con una dieta sana.

Bea Baselga, veterinaria

Anuncios